| INTRODUCCIÓN HISTÓRICA |
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Sólo es necesario ver un mapa para darse cuenta de la especial situación geográfica de Tarifa; lo que ha marcado su pasado, condiciona su presente y definirá su futuro. Tarifa se encuentra a 14 kilómetros, no sólo de otro continente, sino de otra civilización. El Estrecho de Gibraltar ha sido a veces una frontera que ha separado ambos continentes; en otras ocasiones ha sido un puente que ha enlazado las dos orillas. Tanto en una como en otra circunstancia, Tarifa tuvo un papel protagonista. La historia de esta ciudad ha estado ligada al Estrecho, que en buena lógica debería de llamarse de Tarifa, como ocurría en la Edad Media. Tarifa ha tenido una ocupación humana desde la más remota antigüedad. Así lo atestiguan innumerables restos prehistóricos diseminados por todo el municipio. A lo que debemos añadir una importante ocupación romana y de otros pueblos de la antigüedad. Las ciudades de Mellaria y Baelo Claudia, las varias instalaciones para la salazón de pescado que se encuentran en la costa y los restos de antiquísimos poblados, son testigos de ello. Tarifa alcanzó su apogeo con la ocupación musulmana de España. En las playas tarifeñas desembarcó la primera incursión islámica en el año 710, dirigida por Tarif ben Malek, al que Tarifa debe su nombre. En el siglo X, Abderramán III se percató de la importancia geoestratégica de Tarifa. Hizo levantar la imponente fortaleza que aún hoy domina la ciudad. Perseguía el califa cordobés impedir el desembarco de los norteafricanos y, a la vez, aprovechar la primera oportunidad para iniciar desde Tarifa el asalto al Norte de África. Las sucesivas invasiones musulmanas de almorávides, almohades y benimerines convirtieron a Tarifa en la puerta de entrada a la Península. Estos pueblos fortificaron la ciudad, preparándola para acoger a los numerosos ejércitos que con frecuencia llegaban de Marruecos. Cuando los conquistadores castellanos llegaron a Sevilla, comprendieron que sólo controlando el Estrecho podrían concluir la Reconquista. Esto significaba la toma de Tarifa. Esta magna operación militar la realizó Sancho IV el Bravo, que entró triunfante en la ciudad el 21 de septiembre de 1292, después de que la plaza sufriera un largo asedio. Si difícil y costosa fue la conquista de Tarifa, más lo fue conservarla. Los musulmanes de uno y otro lado del Estrecho pujaban por recuperarla. Bien sabían que el poseedor de Tarifa tendría la llave de España. En este forcejeo se produjo uno de los episodios épicos más renombrados en la Historia nacional. Alonso Pérez de Guzmán, más conocido por Guzmán el Bueno, defendía la plaza tarifeña, entonces sitiada por los benimerines de Marruecos. No encontrando los sitiadores la forma de vencerle por las armas y teniendo cautivo al hijo del defensor de Tarifa, le conminaron a rendir la plaza o, por contra, darían muerte al indefenso niño. Y aquí surgió el hecho heroico, muestra de abnegación y lealtad. Guzmán el Bueno asomado a los adarves de la muralla se negó a entregar la plaza que el rey le había encargado custodiar. Y para mostrar su determinación lanzó al campo agareno su propio puñal, mientras que según un antiguo romance exclamaba: «Matadle con éste, si lo habéis determinado, que más quiero honra sin hijo, que hijo con mi honor manchado.»
La gesta de Guzmán el Bueno Pocos años después, el 30 de octubre de 1340, se dio la batalla decisiva, la más importante que se conoció entre moros y cristianos. En el arroyo del Salado, a la entrada de Tarifa, se enfrentaron los mayores ejércitos que se han reunido en España. Los cristianos al mando de Alfonso XI de Castilla ayudado por Alfonso IV de Portugal, con la decisiva colaboración de las tropas acuarteladas en Tarifa, consiguieron una victoria aplastante. Los ejércitos del sultán de Marruecos y del rey de Granada, más numerosos que los cristianos, quedaron diezmados, dejando, desde entonces, de ser una seria amenaza para los cristianos.
Batalla del Salado El Estrecho de Gibraltar, por entonces más frontera que nunca, se fue plagando de piratas berberiscos que hacían frecuentes desembarcos en las costas tarifeñas; robando y secuestrando a los pobres campesinos que se arriesgaban a vivir lejos de la seguridad de las murallas. Numerosos pueblos de la costa andaluza fueron abandonados por temor a las incursiones de los piratas; no obstante, los tarifeños no se amilanaron. La milicia popular estaba siempre presta a acudir allí donde se hubiese producido un desembarco de moros. Lo más frecuente era que los musulmanes se convirtieran de cazadores en cazados. Tal fue la fama de los tarifeños de antaño que la ciudad fue conocida como «Tarifa la Guerrera». Conquistado el reino de Granada por los cristianos, Tarifa dejó de ser población fronteriza pero nuevos peligros le acechaban. Las nuevas potencias europeas dirigieron su interés hacia el Estrecho, tratando con ello de controlar la comunicación entre el Mediterráneo y el Atlántico. La guerra de la Independencia contra el agresor napoleónico tuvo, en Tarifa, un glorioso episodio. Los franceses necesitaban dominar Tarifa para, desde su puerto, hostigar a los barcos británicos y conseguir el suministro alimenticio desde Marruecos. En previsión del movimiento francés, las tropas españolas estaban acuarteladas en Tarifa, ayudadas por un destacamento inglés. Los franceses sitiaron la ciudad a principios del año 1812 con más de doce mil hombres. Tras abrir una brecha en las murallas intentaron el asalto. El resultado fue la muerte de más de quinientos soldados franceses y la huída de los sitiadores que, a pesar del numeroso y bien pertrechado ejército que tenían, no pudieron conquistar la estratégica plaza de Tarifa. Otro episodio de gran significación política se produjo en Tarifa en el año 1824. Numerosos liberales españoles se habían exiliado en Gibraltar, huyendo de la represión de Fernando VII. Un grupo de ellos, al mando del coronel Valdés, se lanzó a una arriesgada operación militar. Embarcados en un falucho se dirigieron a las playas de Tarifa, sorprendiendo a la guarnición realista. Dueños los rebeldes de la plaza tarifeña, hicieron un llamamiento a todos los liberales españoles, proponiéndoles un levantamiento generalizado contra el rey absolutista. El gobierno de la nación era consciente de la importancia del golpe de mano que se estaba desarrollando. De inmediato envió a Tarifa un numeroso ejército al que se unieron las fuerzas francesas que apoyaban a Fernando VII. Tarifa, una vez más, fue sitiada y sus murallas volvieron a prestar su servicio. Durante 17 días los liberales lograron repeler los repetidos ataques de los realistas, pero la enorme desigualdad de fuerzas obligó a los rebeldes a huir hacia Tánger. Acto seguido, se efectuó una durísima represión, con juicios sumarísimos y fusilamientos de decenas de liberales, entre ellos 33 tarifeños que se habían unido a los rebeldes. Durante el resto del siglo XIX y en casi todo el siglo XX, la vida en Tarifa transcurrió lánguidamente, sin sobresaltos. La ciudad se quedó más y más aislada. Sin puerto ni ferrocarril y con malísimos caminos, se convirtió en una rareza, visitada con frecuencia por los «viajeros románticos». El aislamiento registrado fue de tal magnitud, que las tarifeñas usaron hasta bien entrado el siglo XX, la vestimenta llamada de manto y saya o a «la moruna». Iban con todo el cuerpo cubierto, incluida la cabeza, dejando sólo una pequeña abertura por donde asomaban los ojos. Tarifa fue y sigue siendo un lugar estratégico para la defensa nacional. Este servicio de Tarifa se vio exagerado después de la Guerra Civil, donde el estamento militar daba carácter a la ciudad; sus calles eran recorridas a diario por centenares de soldados que hacían su servicio militar. El azote del viento de levante había impedido el desarrollo turístico durante los años sesenta del siglo pasado. Pero ante la sorpresa de los tarifeños, surgió a final de los años ochenta un turismo singular: el de los amantes del windsurf, que necesitaban para la práctica de su deporte el viento; ¡cuanto más, mejor! En pocos años Tarifa se convirtió en lo que hoy es, una población eminentemente turística, que ofrece al visitante todos los servicios que pueda necesitar. Hoteles, campings, restaurantes, bares, tiendas,... hacen la estancia agradable. Pero una cosa no puede olvidar el que viene a Tarifa: disfrutar de su patrimonio histórico y artístico. Así conocerá lo que ha sido Tarifa y la idiosincrasia de este pueblo. Para eso está escrito esta información, para que sirva de guía al visitante ávido de conocer las entrañas de la Tarifa histórica y monumental. Está preparado para una lectura rápida, pero al final de cada epígrafe ponemos alguna referencia para ampliar conocimientos. Si no encuentra estos libros en el mercado, acuda al Fondo Local de la Biblioteca Municipal, allí hallará amplia información. Para más datos complementarios puede dirigirse a la Oficina Municipal de Turismo (teléfono 956 68 09 93). Para saber más: Revista de Estudios Tarifeños «Aljaranda», publicación que edita el Excmo. Ayuntamiento de Tarifa. Todos sus números pueden consultarse en el enlace superior , o bien solicitando a la Concejalía de Cultura el CD-rom con todas las revistas publicadas o los ejemplares impresos que le interesen. Entre los libros de carácter general citaremos: José Armengol Triviño, Tarifa en la historia, Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Tarifa, 1998; Francisco Javier Criado Atalaya, Breve historia de Tarifa, 1999. |