Aljaranda 66 (2007) 39-0

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XIV Premio de Poesía Luz’ 07

 

 

Primer Premio

 

SOY

 

Soy la intermitente asfixia,

la interminable ausencia del lenguaje.

Soy el inacabado intérprete

de tatuajes ajenos.

No hay oráculo alguno, ni augurio

que pueda otorgarte el acceso a mis palabras

ni aún a mi propia vida.

No calmes este amor que no perdona,

No ruegues al destino que interfiera.

Y sigo a lo lejos,

inmóvil, a la espera

de quien descifre mi alma a tiempo.

Antes que el pálido ahogo

recubra de azul mis venas.

 

 

Francisco Molina González

(Tarifa)

 

 

Segundo Premio

 

Tránsito

 

Justo ahora,

cuando el cielo de octubre

lava algodón puro

que tiende en balcones azules,

haciendo que mi alma,

buzo ayer de tu memoria,

se ahogue en el mar

de los amores perdidos.

En este preciso pulso,

que el poniente largo

aclara sensualidad femenina

en los montes de África

y que su soplo,

impertinente,

despeina canas de espuma

en la melena de la Bahía.

Cuando la brisa

de un nuevo otoño

abre la caja de los sueños

y libera los recuerdos.

Cuando esta belleza plena

atraviesa los sentidos

con melancolía de acero:

mortal estoque de ausencias.

Ahora, vencido el pasado,

huérfano el futuro y fugaz el presente.

Justo ahora,

a cada bocanada de aire

que mi pecho exige,

a cada latido que mi corazón precisa,

no me es posible

dejar de pensar en ti.

 

 

Rafael Viso Gómez

(Algeciras)

 

 

 

Tercer Premio

 

Fuga

 

 

I

Fue sin saberlo:

uno de tantos días repetidos

en sus ceremonias domésticas

y su corte de pequeñas miserias.

Pero no, el día fue nuevo:

Miré en mí y ya no estabas dentro.

 

II

Y así, de repente, quedaste

soterrada bajo la luz

violenta de la evidencia;

y un golpe súbito y preciso,

nos entregó, a ti, al recuerdo,

y a mí al dolor leve

de saberme ya sin echarte

de menos.

 

III

Queridos, al final sólo

quedan los nombres,

la infiel imagen de una mano

despidiéndose a lo lejos,

la certeza de no saber, entonces,

que era aquel el último abrazo,

o la voz que no escucharíamos

de muevo. Porque al final,

queridos, ya no queda nada,

ni somos más la carne aquella

del estremecimiento.

 

 

 

 

Pedro Herrera Mancha

(Barcelona)