Aljaranda 66 (2007) 9-16

www.aytotarifa.com

 

Los pendones de la batalla del Salado

 

Wenceslao Segura González

 

 

El lunes 30 de octubre de 1340 se produjo en las cercanías de Tarifa uno de los más importantes enfrentamientos entre cristianos y musulmanes que se registraron durante la Reconquista. La victoria de castellanos y portugueses se tradujo en una enorme matanza en el ejército enemigo y el apresamiento de un valiosísimo botín que enriqueció las arcas reales.

     Aunque sin valor económico, los pendones capturados a los musulmanes fueron los trofeos más valiosos que pudieron tomar los vencedores. Algunas de estas enseñas todavía se conservan, testigos de la batalla del Salado, una de las mayores gestas militares protagonizadas en España.

 

 

Las enseñas militares

Cuando los ejércitos cristianos y musulmanes se dispusieron en orden de batalla en las llanuras cercanas al río Salado, debieron destacar las innumerables banderas de variadas formas y tamaños y de llamativos colores, que portaban tanto uno como otro bando. Además, los caudillos llevaban pintadas sus señas en las armaduras, en sus caballos, en los yelmos y en las capellinas (imagen 4). 1

            Alfonso X el Sabio estableció en la Segunda Partida las distintas enseñas que los castellanos llevaban en la guerra. 2 La más importante de todas era el estandarte, una "seña quadrada sin farpas", 3 de uso exclusivo del rey. Los caudillos que llevaran a la guerra por vasallos a más de cien caballeros, portaban una "seña cabdal" o caudal cuadrada y farpada (imagen 2). Era la misma enseña de los concejos y las órdenes militares. 4  A estas y otras insignias se les denominaba genéricamente pendones.

            Se conoce menos sobre las banderas que portaban los musulmanes. Ibn Jaldún menciona en los Prolegómenos que fue práctica copiada de otros pueblos  "[...] entre las costumbres extranjeras agradóles [a los primeros musulmanes] particularmente el uso de insignias de mando, y habiendo adoptado algunas enseñas personales, permitieron a sus lugartenientes que los imitaran [...]"

            En la batalla de Alarcos de 1195 los almohades "[...] avanzaban con la enseña blanca de al-Mansur al frente, en la que estaba escrito: ‘No hay más Dios que Alláh; Mahoma es el profeta de Alláh; no hay vencedor sin Alláh’". 5 Lo que muestra que debió ser el blanco el color del estandarte real almohade. Pero no fue ésta la única enseña entre los almohades, pues el mismo historiador musulmán dice: "Dispuso Abu Yahyà a sus soldados en orden de batalla [...] a los voluntarios le dio la bandera verde [...]". 6

            Ambrosio Huici es de la opinión de que también los sultanes benimerines tenían un pendón blanco donde iban entretejidos versículos del Corán. Lo que no parece estar de acuerdo con nuestra posterior exposición. 7 Sí parece que los benimerines siguieron con la tradición almohade del color de la tienda del sultán, pues hay constancia que era roja la tienda principal del alfaneque que Abu l-Hasan estableció en Tarifa. 8

            Dice Ibn Jaldún que en el Magreb y pueblos berberiscos "no tenían antiguamente color que le fuese peculiar sirviéndose de telas de seda sin mezcla y de diversos colores, sobre cuyo fondo trazaban dibujos en oro". Así debió ser la práctica de los sultanes benimerines, reservándose Abu l-Hasan el color amarillo anaranjado y el verde fue privativo de su padre y antecesor Abu Said.

 

Los pendones capturados en la batalla del Salado

Un día después de la batalla del Salado y ante la falta de avituallas, Alfonso XI de Castilla y Alfonso IV de Portugal regresaron a Sevilla. Al tercer día de su entrada en la ciudad, el arzobispo don Juan, el deán y cabildo celebraron "pomposa procesión de acción de gracias". Ambos reyes mandaron que la "precediesen sus caballeros arrastrando banderas vencidas " que se colgaron en la Catedral, donde según Ortiz de Zúñiga, permanecieron largos años. 9

            La misma noticia la recoge la crónica del rey castellano: "[...] aquellos pendones destos rreyes moros e de los otros moros de grandes solares e de grandes poderes que ay vinieron, metieron los en la çiudad [Sevilla] baxos en los cuellos de los moros que trayan catiuos". 10

            Alfonso XI en señal de agradecimiento a Sevilla por su participación en tan decisiva batalla, dedicó parte del botín capturado en Tarifa a fabricar y adornar suntuosamente la puerta que llaman del Perdón, que da acceso al Patio de los Naranjos de la catedral sevillana (imagen 3).

            Otras banderas capturadas al enemigo fueron llevadas a Portugal según refiere la crónica de Alfonso IV: "Y cinco banderas de moros principales, que fueron tomadas en la batalla por señal de este triunfo y victoria fueron traídas a Portugalde Lisboa." 11 Hay que suponer que debieron ser banderas capturadas a los granadinos, pues el ejército portugués se enfrentó a las tropas del Yusuf I rey de Granada.

            El papa Benedicto XII había jugado un papel decisivo en la contienda. Había desplegado una intensa actividad diplomática entre los reinos cristianos para conseguir que abandonaran sus enfrentamientos y se unieran contra el enemigo común. El mismo Papa había expedido la bula Exultamus in te, que convertía a la batalla del Salado en cruzada. Por ello no es de extrañar que tras la victoria de Tarifa, Alfonso XI enviara una embajada a la sede papal, entonces en Aviñón, que entre otros trofeos llevaba pendones capturados a los musulmanes.

            Un historiador de los papas de Aviñón refiriéndose a esta embajada afirma que la constituía "una larga caravana, en la que figuraron cien esclavos moros conduciendo a la brida a cien caballos, de cuyos arneses pendían cimatarras y escudos tomados al enemigo, el caballo del rey y veinticuatro banderas islámicas [...]" 12

            La crónica portuguesa refiere que por acuerdo de ambos reyes se envió al Papa una bandera del rey de Marruecos, y el Papa "recibió todo con mucho placer y al otro día que salió a decir Misa, trajo delante de sí, muy baja, aquella bandera cautiva [...] comenzando por sí el himno Vexilla regis prodeunt". 13

            Las banderas llevadas a Aviñón fueron colocadas en lugar preeminente. Según uno de los antiguos biógrafos de Benedicto XII "los trofeos arrebatados a los musulmanes y el estandarte de Alfonso de Castilla fueron suspendidos, por orden del soberano pontífice, en la capilla de su palacio, donde ellos son todavía conservados". 14

            La crónica del rey castellano se extiende en los detalles de la citada embajada a Aviñón, afirmando que el pendón que llevara el rey en la jornada de Tarifa, se colocó en la iglesia de Santa María de Aviñón, para honra del rey Alfonso XI. 15

            El Poema de Alfonso XI narra la embajada castellana a cuyo frente iba Juan Martínez de Leyva:  "Por mi, que so su vasallo / bos enbia este don: / Jahén, este su cavallo / e ese su noble pendón. / Tomaron el su pendón / e fuéronlo asentar /en la eglesia de Aviñón / delante del, santo altar." 16

Después de la batalla del Salado, el rey Alfonso XI reunió cortes en Llerena, tras lo cual fue a Santa María de Guadalupe a dar gracias a la Virgen, a la que el rey que tenía gran devoción y a ella se había encomendado cuando fue a pelear a Tarifa. Llegado a la ermita, Alfonso XI  hizo ofrecimiento a la Virgen de "muchas cosas" según cuenta la crónica, entre las que se debió de encontrar algunas de las lujosas enseñas musulmanas.

 

Los pendones del Salado de la catedral de Toledo

Si algunas banderas capturadas fueron a las catedrales de Sevilla y Lisboa, no es de extrañar que otras llegaran a la catedral de Toledo, máxime cuando su arzobispo, Gil de Albornoz, se encontró en la batalla del Salado y siempre al lado del rey.

            Entre los tesoros de la catedral primada de España se encuentran tres pendones musulmanes, que como ahora veremos, fueron tomados en la celebre batalla de Tarifa. Estos trofeos estuvieron en el siglo XVIII depositados en la Armería Real y fueron llevados a Toledo a mitad de aquel siglo por el infante cardenal Luis María de Borbón. No sabemos cómo llegaron a la Armería Real, pudiendo ser que procediesen de la catedral toledana. Desde entonces se encuentran en aquel templo y hoy están expuestas a la admiración de los visitantes. 

            Fue Rodrigo Amador de los Ríos, arabista eminente y director del Museo Arqueológico Nacional, quien se percató de que aquellas enseñas fueron capturadas en Tarifa. En efecto, con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América se celebró una Exposición Historico-Europea. En ella se expuso una de las enseñas musulmanas de la catedral de Toledo, pero catalogada como Pendón de Orán, suponiendo que había sido traída por el cardenal Cisneros cuando la conquista de aquella ciudad africana. 17

            Llamó la atención de Amador de los Ríos las leyendas árabes de la anterior bandera, concluyendo (como luego veremos) que fue una de las capturadas en Tarifa. Continuó el experto arabista estudiando las restantes enseñas que se encontraban en la catedral de Toledo. Componiendo con la información recopilada una serie de trabajos de investigación sobre los que nos basamos para nuestra exposición. 18

 

Los pendones de Abu l-Hasan

En la catedral de Toledo se encuentran dos enseñas personales del sultán Abu l-Hasan, que dirigió a los benimerines norteafricanos en la batalla de Tarifa. Una de ellas es una insignia de grandes dimensiones, de 3,74 metros de largo por 2,67 de ancho (imagen 8). Está confeccionada en riquísimo paño de seda, de un llamativo color amarillo anaranjado. No parece que pendón de tal tamaño fuera portado para guiar a los combatientes en el campo de batalla. Debió ser una bandera, que a modo de los actuales reposteros, estuviese en lugar destacado de palacio, y que acompañara al sultán en sus incursiones militares. Quizás se colocara en el campamento o alfaneque real, como símbolo distintivo. Debió estar plantada en un cerro cercano a Tarifa, donde los benimerines colocaron su real. Vencida la resistencia musulmana e iniciada la huida de los vencidos, debieron los castellanos tomarla y entregarla al rey, convirtiéndose en uno de los principales trofeos de la batalla. 

            En la parte superior del pendón se encuentra la manga, por donde la sustentaba el asta colocada horizontalmente. Un poco más abajo hay un gran rectángulo epigráfico. Sobre fondo de oro y en grandes caracteres africanos blancos, perfilados en rojo se lee: "La ayuda y la protección de Alláh y la victoria manifiesta, sean para nuestro señor Abu l-Hasan, Amir de los muslimes".

            El centro lo ocupa un cuadro que contiene el principal motivo de la bandera. Lo rodea una orla rectangular con círculos en las esquinas. En el cuadro central se desarrollan 16 círculos que imitan medias lunas. Ya en la parte inferior del pendón hay una faja con dos líneas de texto, que hacen clara referencia al propietario de la insignia: "Esta [enseña] ha sido labrada para el [...] Califa, el Imán, Amir de los muslimes, Abu l-Hasan Aly, hijo de nuestro señor y dueño [...] Abu Said Otsmin [...] en la luna de Chumada del año cuarenta setescientos [diciembre de 1339]". La parte inferior concluye con nueve farpas, cuatro de ellas perdidas, que contienen un texto ilegible.

            Esta magnifica enseña musulmana fue expuesta en el Alcázar de Sevilla durante el pasado año, con motivo de la exposición titulada Ibn Jaldún. El Mediterráneo en el siglo XIV: Auge y declive de los Imperios.

            El tesoro de la catedral primada posee otra enseña del mismo sultan Abu l-Hasan (imagen 6). Está deteriorada y le faltan algunas piezas. Conserva tres tiras de tafetán amarillo que hacen de marco del motivo central y tiene medallones donde está escrito: "Que sea la vitoria para nuestro señor Abu l-Hasan, Amir de los muslimes", por lo que no hay duda de que fue enseña personal de este sultán. Cosida al interior del cuadro sobre el lienzo amarillento se hallan adheridos nueve círculos a modo de medias lunas, con texto que resulta ilegible.

            No poseamos fuente documental que lo atestigüe, pero no hay duda de que estas dos banderas fueron capturadas en la batalla del Salado, pues el sultán Abu l-Hasan no protagonizó ningún otro enfrentamiento personal con los cristianos, en cuya ocasión pudiera haberse capturado estas enseñas.

 

El pendón de Abu Said Utman

Es la tercera de las enseñas musulmanas de la catedral de Toledo (imagen 7). Esta labrada en riquísimo paño de seda y oro, donde predomina el color verde. Debió medir 3,90 metros de largo por 2,70 de ancho, aunque actualmente sus dimensiones son menores por faltarle algunos elementos, entre ellos el tarjetón cuadrangular cercano a la manga. El motivo principal se encuentra encerrado en un cuadrado central, donde se distribuyen 16 círculos a imitación de medias lunas, donde están escritas las sentencias: "No hay otro Dios sino Allàh" y "Mahoma es  el en viado de Alláh". Todo el cuadrado central está encerrado en una orla cuadrada con leyendas coránicas.

            En la parte inferior de la enseña, se encuentra la identidad del propietario: "Esta enseña ha sido labrada para [...] el Rey, el Sultán, el Califa, el Imán, Amir de los muslimes y vicario del Señor del Universos, Abu Said Otsmín [...] en la alcazaba de Fez en la luna de Moharram, llave del año doce y setescientos [mayo-junio de 1312]". La esneña debería tener en su cabo o extremo las onduladas farpas, que el tiempo ha hecho desaparecer.

            Abu Said Utman escasamente intervino en la Península durante su reinado. Incluso cedió Algeciras y otras plazas a los nazaríes granadinos, que luego le fueron reintegradas. Este sultán no realizó ninguna incursión en la Península, ni mantuvo enfrentamiento directo alguno con los cristianos. 19 Esto hace pensar que su pendón, que está en la catedral de Toledo, debió ser apresado durante la batalla del Salado. Es lógico que su hijo y sucesor, Abu l-Hasan, trajese entre otras banderas, la personal de su padre y que tras el derrumbe de la resistencia musulmana, fuera cogida por los cristianos.

 

El pendón jerezano Rabo de Gallo

Por el orden de batalla que estableció Alfonso XI, sabemos que las tropas del concejo de Jerez de la Frontera debían situarse en la delantera del cuerpo principal del ejército, junto a los concejos de Carmona y Sevilla. Las poblaciones de la Frontera, habituadas a la guerra contra los moros, solían ocupar las posiciones más arriesgadas en la batalla, razón por la que se destinaron sus tropas para iniciar el enfrentamiento con los marroquíes.

            Pero no parece que todos los jerezanos permanecieran en la posición inicialmente asignada. La noche anterior a la batalla se envió a la plaza sitiada de Tarifa a un numeroso grupo de castellanos, que lograron burlar la guardia musulmana. Entre estos guerreros estaban los del concejo jerezano o quizás parte de ellos.

            Las antiguas historias de Jerez relatan que en la batalla de Tarifa estuvo el concejo de Lorca junto a los jerezanos, que eran acaudillados por Lorenzo Fernández Villavicencio y tenían como alférez a Alonso Fernández de Valdespino.20, 21, 22

            Según cuenta el arciprestre de León en su historia de Jerez, el capitán jerezano retó a los de Lorca diciéndoles "[...] pues si tanta gana teníes de acometer a estos perros hacer una haçaña digna de memoria; veis en medio de la hueste, lebantado el pendón de Albohacen, el qual bien veis, ronpamos por medio de esta gente y deribémoslo, o se los tomamos". 23 Combatieron los de Jerez y los de Lorca con la intención de ganar el pendón. Al mismo tiempo lograron Juan Guevara de Lorca y Aparicio Gaitán de Jerez derribar al moro que lo tremolaba.

            Al finalizar la batalla concurrieron las dos ciudades ante el rey para que decidiera a quien correspondía el pendón ganado. Ordenó Alfonso XI, echarlo a suerte, y correspondió el pendón a Jerez y el asta a Lorca. Ambas ciudades estuvieron y están orgullosas de sus trofeos. Los de Lorca depositaron el asta en la iglesia de Santa María de Huerta. Los de Jerez guardaron el pendón ganado en la iglesia de Santiago. 24

            No debía ser el pendón ganado por los jerezanos del tamaño de las anteriores insignias que hemos descrito, pues era llevada por un caballero moro, por lo que debía ser mucho más pequeña. Los antiguos historiadores dicen que el pendón tenía 13 lunas bordadas en oro sobre tela morada, "muy preciosa y muy rica y hacía unos tornasoles como las plumas del gallo, por lo cual después lo llamaron rabo de gallo.

            El concejo de Jerez iba a la guerra con el pendón que le diera Alfonso X en 1255. Pero pasado el tiempo, estando ya gastado este pendón, los jerezanos pidieron al rey Enrique III que le concediera uno nuevo. El rey rehusó, contestándole que sacaran el pendón ganado en la batalla del Salado. Y así se hizo, al menos desde el año 1405 los jerezanos iban a la guerra bajo la dirección de esta bandera.

            En el año 1489 viendo que el pendón Rabo de Gallo se encontraba gastado y rasgado y que "non era qual convenia a la honrra de la çibdad" acordaron los veinticuatro y jurados hacer uno nuevo. El pendón Rabo de Gallo fue renovado en el año 1484, añadiéndosele las armas reales y las de la ciudad,  depositándose desde aquella fecha en la Catedral.

            En un informe preparado por archivero municipal Muñoz y Gómez a final del siglo XIX se dice: "El actual pendón, sin embargo, conservado en la Colegial dentro de una caja hecha el año 1681, en el lugar preferente, o sea de la derecha, y en su parte superior, como para evitar por la colocación de nuevos deterioros, más ocasionados a suceder en la parte media o baja del pendón, hay zurcido, sobre la tela, un pedacito de otra más antigua, formada de un tejido especial y bello en que alternan sedas blanca, amarilla o dorada, y morada, semejando el color del tornasol".

            Las dimensiones primitivas de este trozo al zurcirlo eran de 10 centímetros de largo por 6 centímetros de ancho. Hoy se conservan unos trocitos de 2 ó 3 centímetros en que se nota un tejido especial, que parece obra de tejido oriental, y debe considerarse los  restos del original pendón Rabo de Gallo capturado en Tarifa en 1340.

            Finalizamos nuestro relato comentando que en la catedral de Burgos se encuentra una enseña que la tradición supone fue la que Alfonso VIII llevó en la batalla de las Navas de Tolosa (imagen 10). 25 Representa un calvario, con Jesucristo en la cruz y la Virgen y San Juan de pie a ambos lados. Amador de los Ríos afirma que el dibujo es del siglo XIV y no del siglo anterior, en que tuvo lugar la victoria de las Navas. El mismo autor aventura que quizás fuese el pendón que el papa Benedicto XII diera a las tropas cristianas en Tarifa.

 

Notas

1 La capellina es una extensión de la cota de armas que cubría la cabeza del guerrero.

2 Alfonso X, Rey de Castilla: Las siete partidas, Valencia, 1767, segunda partida, título XXIII, leyes XII-XV.  

3 Las farpas son ondulaciones en la punta o cabo de una bandera.   

4 Los pendones posadores eran enseñas anchas por el asta o manga y agudas hacia los cabos, "las puden traer los caballeros que tienen entre cien y cincuenta vasallos". La bandera es una enseña más larga que ancha, "bien el tercio, del asta abajo y no es farpada". Las llevaban los caudillos que trajesen de diez a cincuenta caballeros. Había otra enseña que era larga y partida en dos ramos, la llevaban los señores que trajesen de dos a cinco caballeros.   

5 Ibn Abi Zar’: Rawd al-Qirtas, traducido y anotado por Ambrosio Huici Miranda, Valencia, 1940, vol. II, p. 444.  

6 Idem.  

7 Huici Miranda, Ambrosio: Las grandes batallas de la reconquista durante las invasiones africanas, Universidad de Granada, 2000, p.366. Para apoyar su tesis, Huici cita el texto musulmán Al-‘Umari, según traducción de Gaudefroy Demombynes, p. 52 de la introducción y 213 del texto.

8 Beneyto Pérez, Juan: El cardenal Albornoz, Espasa-Calpe, Madrid, 1950, p. 332: "En la tienda  colorada del Benamarín se encontraron dos mujeres, [...]", carta de Albornoz, arzobispo de Toledo, al obispo de Frascati en Italia.  

9 Ortiz de Zúñiga, Diego: Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, Madrid, 1795, tomo II, p. 105.  

10 Gran Crónica de Alfonso XI, preparada por Diego Catalán, Gredos, Madrid, 1977, vol. II, p. 442.  

11 Crónica dos sete primerios reis de Portugal, edición de Carlos Silva Tarouca, Academia Portuguesa de Història, Lisboa, 1952, p. 346.  

12 Mollat: Les papes d’Avignon, París, 1930, p. 356.   .

13 Crónica dos sete primerios reis de Portugal, ob. cit. p. 348. El himno comienza así "Los estandartes de la cruz avanzan, brilla el misterio de la cruz, donde el creador de la carne fue colgado. Ahora se realiza la profecía de David: Dios reina sobre los pueblos de la cruz."

14 Duhamel, Léopold: Une embassade a la cour pontificale. Épisode de l’Historie du Palais des Papes, Avignon, 1883, p. 12.  

15 Gran Crónica de Alfonso XI, ob. cit. pp. 445-447.  

16 El Poema de Alfonso XI, edición de Yo Ten Cate, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1952, p. 533.

17 En la misma exposición se encontraba otra bandera que catalogada como capturada en la batalla de Tarifa, resultó ser del rey castellano Juan II.  

18 Amador de los Ríos, Rodrigo: Trofeo de la batalla del Salado. Cartas al la Excma. Sra. Duquesa de Osuna, Ilustración Española y Americana, 10 (1893) 169-173 y 11 (1893) 192-193; Amador de los Ríos y Fernández Villatar, Rodrigo: "La bandera del Salado", Boletín de la Real Academia de la Historia 21 (1892) 464-471; Amador de los Ríos, Rodrigo: Trofeos Militares de la Reconquista. Estudio 19 Manzano Rodríguez, Miguel Ángel: La intervención de los benimerines en la Península Ibérica, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1992, pp. 192-213.  

20 Muñoz y Gómez, Agustín: El pendón de Jerez. Acuerdos capitulares y notas de su referencia, Jerez, 1892.  

21 Rallón, Fray Esteban: Historia de la ciudad de Xerez de la Frontera y de los reyes que la dominaron desde su primera fundación, Universidad de Cádiz, 1998, vol.II, pp. 58-62.  

22 Gutiérrez, Bartholomé: Historia del estado presente y antiguo de la muy noble y muy leal ciudad de Xerez de la Frontera, Xerez, 1886, libro I, pp. 201-206.  acerca de las enseñas musulmanas del Real Monasterio de las Huelgas (Burgos) y de la Catedral de Toledo, 1893.  

23 Según otros historiadores, los dos concejos lucharon por apoderarse del pendón del príncipe benamarín, no el del sultán. Lo primero parece más probable, según la distribución del ejército musulmán. Para conocer más sobre la batalla del Salado véase: Ambrosio Huici Miranda, Las grandes batallas de la reconquista durante las invasiones africanas, ob. cit., pp. 332-387; Segura González, Wenceslao: a batalla del SaladoTarifa en la Edad Media, editado por Manuel González Jiménez, Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Tarifa, 2005, pp. 173-200; y Segura González, Wenceslao: "La batalla del Salado según Gil de Albornoz", Aljaranda 58 (2005) 9-15.

24 Al menos allí se encontraba a final del siglo XV, como refiere el acta capitular del año 1454 en que se da noticia de la muerte del rey Juan II y de la proclamación de Enrique IV.  

25 Vara Thorbeck, Carlos: El lunes de las Navas, Universidad de Jaén, Jaén, 1999, pp. 380-381.