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Aljaranda 66 (2007) 26-34 San Rafael Arcángel Una obra de Benito Hita y Castillo en Tarifa Juan Antonio Patrón Sandoval Sin
duda conforme avanzamos en el estudio de la imaginería religiosa de Tarifa
nuestro convencimiento sobre el valor artístico y patrimonial, tan
excepcional como desconocido, que atesoran nuestras iglesias crece ex-ponencialmente. Otra muestra de ello la tenemos en la
capilla de la Virgen de la Luz de la iglesia mayor de San Mateo, donde se
encuentra una nueva talla tardobarroca de autor
hasta ahora desconocido y que muchos eruditos habían querido relacionar sin
más con la afamada escultora sevillana Luisa
Ignacia Roldán, más conocida por La Roldana.1 Se trata de una hermosa talla de San
Rafael, uno de los tres arcángeles de la corte celestial que la Iglesia
venera por su nombre y destaca como dignos de veneración particular. En este
número de Aljaranda, por fin, daremos luz al
nombre del escultor que lo talló, uno de los más celebrados de la Sevilla del
XVIII. Introducción Tradicionalmente, el arcángel San Rafael es invocado para alejar
enfermedades de cuerpo y mente y para lograr terminar felizmente los viajes.
Se le considera el ángel responsable de anunciar la fecha del Juicio Final
mediante el sonido de un corno o "trompeta de la verdad". Su nombre
significa "Medicina de Dios", pues fue San Rafael el enviado por
Dios para sanar al anciano Patriarca Tobías de la ley mosaica, quitándole la
ceguera con las vísceras de un pescado, y para guiar a su joven hijo Tobías
en un largo y peligroso viaje en el curso del cual le buscó esposa en Sara, a
quien también curó de la opresión del Demonio. Su historia la encontramos en
el libro de Tobías del Antiguo Testamento (Tb 5,
4). A San Rafael se
le considera intercesor en enfermedades de los ojos y protector de los
viajeros por haber guiado a Tobías en sus viajes por tierra y por mar, en
virtud de lo cual es venerado como patrono de los viajeros o caminantes, pero
también como el santo patrono de los médicos, de los enfermos y de los
mutilados de guerra, por las curaciones que realizó en el padre y la esposa
de Tobías. También es venerado como patrono de confesores y penitentes, por
cuanto se dice que quienes recurran a él tendrán siempre adecuada orientación
espiritual. Por todo ello
su representación tiene un componente iconográfico muy potente, de ahí que la
virtud de su culto sea su gran carga simbólica, presente siempre en los
principales atributos parlantes con los que habitualmente se presenta: el
pescado y el bastón o bordón de peregrino con la calabaza o guaje para el
agua, todos ellos símbolos fundamentales de su iconografía y alusivos al
relato bíblico de las curaciones del viejo Tobías y Sara. En cuanto a sus
vestiduras, en ocasiones se le representa con atuendo de peregrino, con
esclavina y concha, como es el caso de la imagen que se venera en la iglesia
de San Mateo de Tarifa, en la que no faltan el bastón, la calabaza y el
pescado. En otras ocasiones, en cambio, se nos muestra según la iconografía
de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, de la que San Rafael es
protector, vistiendo entonces el escapulario negro del hábito de la Orden y
portando unos panes, además de alguno de los otros atributos tradicionales,
como el bastón de peregrino y el pescado. Con esta otra iconografía
encontramos también en Tarifa una segunda talla del arcángel San Rafael, la que
actualmente se venera en la capilla del Sagrario de la iglesia de San
Francisco de Asís, fechable posiblemente hacia 1795
e inspirada claramente en la soberbia talla del arcángel que se venera en el
oratorio gaditano del hospital de San Juan de Dios, realizado por el genovés
Antón María de Maragliano en 1726. Reseña histórica La primera referencia documental a la existencia de una imagen
de San Rafael en la iglesia mayor de San Mateo procede nuevamente del ya
conocido manuscrito fechado en abril de 1819, en el que se dice que: "Siendo el altar de Santa Ana de
piedra de ningún primor quitaron a Santa Ana e hicieron un retablo nuevo por
don Juan de Escorcia colocando en él a San Rafael
el 24 de octubre de 1805".2 En virtud de
esa única noticia cabría pensar que la imagen del arcángel San Rafael se
podría atribuir a ese desconocido Juan de Escorcia
y que quizás fuera realizada hacia 1805. Sin embargo, parece ser que dicho
artífice del que se dice era italiano,3
no debía ser más que un ensamblador o retablista,
pues un año antes se encontraba igualmente trabajando para la parroquia de
San Mateo de Tarifa, para la que inició a comienzos de 1803 el cancel de
entrada a la iglesia, estrenado el 6 de septiembre del año siguiente 1804.4 Por otro lado,
la estética del arcángel, su rico dorado y estofado, todavía está impregnada
del estilo tardobarroco e incluso rococó y para
nada resulta acorde con la corriente neoclásica que en los últimos años del
XVIII ya había irrumpido también en Tarifa, apreciable sobre todo en la
iglesia parroquial de San Francisco de Asís, reedificada por completo en
1797. Resulta
determinante para datar la factura de la talla del San Rafael comprobar las
marcas de platería que encontramos en los atributos de orfebrería que la
imagen porta como propios de su iconografía: en su mano derecha, un bastón
sobre el que cuelga una calabaza, y en su mano izquierda, el pescado con el
que curó al padre de Tobías. Efectivamente,
en cada tramo de varilla que conforman el bastón encontramos las marcas: XIM
/ MAR(T) / (león rampante) / XIM / 82. En la
calabaza los punzones son congruentes con los anteriores, de forma que
volvemos a descubrir las mismas marcas: XIM / (león rampante) y 82/MART/
(león rampante). Como era frecuente en la platería española de la segunda
mitad del siglo XVIII, éstas no identifican sino al platero autor (XIM = Ximénez), con su correspondiente cronológica y contraste
(82/MARTZ = 1782 / Martínez) y a la localidad de Córdoba (el león rampante
típico usado por el contraste Mateo Martínez Moreno). No cabe duda, por
tanto, de que los atributos del arcángel son de procedencia cordobesa,
realizados por un platero apellidado Ximénez y
contrastada por Mateo Martínez en 1782, año en el que ya existía la imagen
del San Rafael Arcángel de Tarifa, bien por haber sido realizada ese mismo
año o por ser de factura anterior. Desconocemos
quién realizó el encargo de la talla, incluso su ubicación en el interior del
templo desde la llegada a Tarifa hacia 1782 hasta 1805. Ya comentamos que su
primera referencia nos lo sitúa ese último año presidiendo un nuevo retablo
que se levantó en su honor en lugar del antiguo dedicado a Santa Ana que se
situaba junto a la actual capilla del Sagrario. Según la
memoria histórica escrita en el año 1886 por el archivero de San Mateo Juan
López,5
hemos de suponer que la imagen de San Rafael permaneció en su altar hasta
finales del siglo XIX, cuando coincidiendo con la gran reforma en el interior
del templo llevada a cabo por el párroco Francisco de Paula Sánchez Marchena en 1898-99, se desmontaron la mayor parte de los
retablos y altares y se hicieron otros nuevos de estilo neogótico por el
artesano local Lorenzo Jiménez. En efecto, a comienzos de siglo la imagen del
arcángel San Rafael se hallaba situada en el nuevo altar mayor, sobre una
columna en el banco a la derecha del manifestador mismo. Conservaba todavía
entonces sobre su cabeza una corona de plata a modo de diadema, hoy
desaparecida. Poco después, tras la reforma que sufrió el templete en su
diseño, pasó a ocupar su lugar en el ático del nuevo templete neogótico, ya
entonces sin la diadema. A comienzos de
la década de 1980, siendo todavía párroco de San Mateo el Rvdo.
Padre Martín Bueno Lozano, se bajó el arcángel del ático del templete del
altar mayor. Desde entonces ocupa un lugar en la capilla de la Virgen de la
Luz, sobre una mesa altar situada bajo el gran
cuadro que realizara el afamado pintor tarifeño Agustín Segura en 1953. Análisis esti-lístico de la imagen Aunque, como ya se ha referido, la imagen por su calidad ha
querido relacionarse sin mayor fundamento con la Roldana
e incluso se ha querido ver en ella algunos rasgos propios de la escuela
gaditano-genovesa, del análisis formal de la talla cabe atribuirla sin lugar
a dudas a la escuela sevillana 6 y, más aún, a uno de sus máximos exponentes en la segunda
mitad de siglo XVIII, el escultor Benito de Hita y Castillo (1714-1784), no
en vano es enteramente acorde con los rasgos físicos, estilísticos y
compositivos característicos de este artista. La imagen de
San Rafael, de cuerpo entero, está realizada en madera de pino de Flandes,
usual por otra parte en la producción de Hita, 7 tiene una altura de 94cm y actualmente se alza sobre una
peana troncopiramidal de 17 centímetros, dorada con
pan de oro pero a la que han cercenado sus cuatro patas con rocallas. Cabe
indicar que esta peana no es la original, según podemos apreciar en algunas
fotografías de comienzos del siglo XX, en las que el San Rafael todavía conservaba
su peana, igualmente dorada pero de más rica decoración al estilo rococó, la
cual quizás le fuera sustraída cuando la imagen pasó al ático del templete
del altar mayor para que cupiera en el habitáculo. Con todo, el estado
general de conservación de la talla es regular, presenta algunas fisuras y
ligeros desconchones y multitud de rasguños en la policromía que
afortunadamente no han afectado al dorado, cuatro clavos que aseguran las
alas a la espalda, la derecha rota y mal ensamblada, así como la falta de dos
dedos en cada una de las manos y medio dedo gordo del pie izquierdo. Además,
tal y como se mencionará, la policromía gris de la nube ha desaparecido en
una gran superficie de la misma. Concebida para
un altar, la talla se nos presenta mucho más serena y reposada que otras
obras del mismo autor concebidas con carácter procesional. En efecto, en ella
el autor despliega su tradicional plástica viva, expresiva y teatral propia
de su imaginería devocional, con la que Hita
conseguiría exponer el contenido didáctico y docente que lleva consigo la
iconografía del arcángel San Rafael como el ángel protector, sanador y
peregrino, relacionándolo inmediatamente con el relato del Libro de Tobías al
representarlo con el bordón de peregrino, el vaso de los ungüentos o
medicinas y el pescado. En efecto, ya
se ha mencionado que en su mano derecha el San Rafael lleva el típico bordón
o bastón de peregrino con la calabaza para el agua y en la izquierda sostiene
un pescado, atributos realizados en plata. Además, como también hemos
referido, originalmente la talla lucía sobre su cabeza una gran corona de
plata a modo de la típica diadema de penacho delantero o tarja oval con
rocallas, tal y como hemos podido apreciar en las ya referidas fotografías de
principios del siglo XX. Lamentablemente, hoy la imagen luce en su cabeza un
nimbo de latón sin valor, tras haberse perdido el rastro de la diadema
original, de la que no se tiene noticia. Hita
acostumbraba a disponer la cabeza de sus imágenes con un ligero giro e
inclinación hacia un lado respecto del eje compositivo del cuerpo; en el caso
de la de Tarifa, hacia la derecha y hacia abajo, dirigiendo la mirada al
espectador que habría de situarse en un plano inferior. Como espíritus
celestes y asexuados, los arcángeles debían irradiar hermosura como reflejo
platónico de su intrínseca bondad; por eso, su anatomía había de resultar
juvenil y delicada, casi afeminada. Así es. De rostro ovalado, la imagen
tarifeña aparenta tener papada como consecuencia del mentón o barbilla un tanto
elevado, pronunciado y redondeado, en el que el hoyito en medio
característico de Hita en sus imágenes infantiles y juveniles apenas si está
insinuado o no existe. Las fosas oculares están dibujadas con mucha
precisión, hallándose delimitadas por finas cejas arqueadas, repletas de
sutilísimos grafismos representando su capilaridad. Los ojos almendrados, con
iris y pupilas de cristal y las pestañas dibujadas con pincel, mediante
trazos muy delicados. La frente, amplia y despejada, queda enmarcada por una
cabellera sedosa, que apenas si deja ver los lóbulos de las orejas y la cual
aparece tratada de una forma bastante compacta, con gruesos mechones y a base
de movidas ondas surcadas por largas y agudas estrías abiseladas, análogas a
las del San Pablo Ermitaño que Hita realizara para la parroquia de Santa
María de la Asunción de Estepa en 1752. Éstas, con sus luces y sombras,
consiguen un efecto pictórico, que contribuye de forma decisiva a darle una
apariencia muy natural. Por lo demás, San Rafael va peinado con la raya a la
derecha y uno de sus mechones levantado en forme de tupé, tan propio del
escultor en las figuras masculinas e infantiles. Como también es
habitual en su iconografía, el arcángel viste como peregrino, con túnica de
color hueso o marfil con abertura en la parte delantera que deja ver las
vistas interiores en color negro y su pierna izquierda adelantada, algo
retorcida –similar a la que apoya sobre el demonio el arcángel San Miguel de
la parroquia de San Juan Bautista en la localidad canaria de Puntallana– acentuando el contrapposto
y en la que como era habitual en Hita, aunque trabajada sin pormenorizar
mucho sí queda marcada la rótula y la cabeza del fémur. Lleva además sobretúnica corta en color rosáceo ceñida a la cintura
por un posible cíngulo oculto por el leve bullón del propio traje, abierto y
con vueltas marrones, sobre el que luce una esclavina o pequeña capa negra
decorada con dos veneras o conchas de vieira y de vueltas doradas. Como es
habitual también en nuestro artista, las mangas de la sobretúnica
son anchas y con grandes vueltas de nuevo en color marrón, dejando ver parte
de los antebrazos, que se tornan con algo de mayor volumen y redondeados, sin
llegar a mostrar musculatura. Lleva sandalias
o calzas a la romana de color rojo, similares a las del ya referido San
Miguel batiendo al Demonio de Puntallana, realizado
por Hita en 1773,8 o a las de los ángeles lampareros de la
capilla de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, fechados diez años antes,
en 1763, con los que comparte igualmente los pliegues en la abertura de la
túnica y de la sobretúnica, en forma de huso. Los
pies, en cambio, están tratados con gran realismo y auténtico concepto
naturalista, acusándose notablemente sus falanges. Su disposición es acorde
con la obra del autor, mostrando el andante particular de Hita, descrito como
calmado y reposado por el investigador José González Isidoro.9 Así, el arcángel adelanta la pierna izquierda ligeramente
flexionada por la rodilla y, al tiempo, mantiene la derecha firme, totalmente
oculta por su túnica salvo el pie, que dispone formando ángulo recto con el
contrario. La imagen se
alza de pie sobre una pequeña nube de color gris, cuyo deteriorada
policromía, casi inexistente en gran parte de la misma, deja actualmente
visto el intacto revestimiento de "pan de oro" sobre el que se
aplicó la película gris monocromo y en el que se observan las numerosas
faltas entre las laminillas rectangulares de oro que dejan ver el color
rojizo del "bol".10 En su conjunto,
la imagen de Tarifa muestra una gran profusión de oros entre los elementos
ornamentales de sus vestiduras, abarrotándolas por completo y formando anchas
y artísticas guardillas, en las que la decoración de estilo rococó está
labrada en relieve y grabada por el autor en el aparejo. Éstas se encuentran
acompañadas de oros y brillos en el resto de la superficie de sus diferentes
ropajes, en los que el estofado, con el que el autor intenta fingir los
bordados, son igualmente ricos, reproduciendo un diseño similar en la túnica y
sobretúnica, en los que la simetría de los dibujos
es claramente visible en la espalda. El conjunto de
la ornamentación de la sobretúnica se complementa
con la creación de un vistosísimo esgrafiado, de forma que la prenda, de
tonalidad rosa, aparece surcada por multitud de finísimas rayitas que dejan
ver el dorado del fondo, equidistantes y bastante próximas,
con las cuales se representa la textura del tafetán 11 en la policromía. Además, aparecen esparcidos formando
parte de la simetría hermosos tallos policromos repletos de hojas y brotes
florales en su color. En la túnica, el esgrafiado está igualmente presente,
si bien es más sutil dado el tono color marfil del vestido, en el que
aparecen igualmente los mismos motivos florales trilobulados, aunque ahora en
un tono monocromo ocre. En la capa corta o esclavina, por último, también es
posible apreciar cómo el autor intentó imitar las sedas de los magníficos
brocados de la época, recreando ahora delicadas irisaciones sinuosas que
hacen también aflorar el metal dorado oculto bajo la superficie monocroma, en
este caso de tonalidad negra. El esgrafiado,
técnica que a juicio de González Isidoro supone el más interesante exorno de
las imágenes,12
vuelve a aparecer de nuevo en la decoración del San Rafael, en el que también
apreciamos claramente una masa continua de caracolillos, bastante diminutos y
prácticamente imperceptibles, con los cuales contribuye de manera decisiva a
crear el efecto de riqueza deseado en las vueltas o vistas interiores de la
esclavina. Ese mismo esgrafiado es el que aparece sutilmente en la película
gris de la nube sobre la que se asienta la figura. En las
polainas, en cambio, la técnica empleada fue la del punteado de lunares
dorados, en apariencia menos vistoso, pero de enorme
interés plástico y que supuso una auténtica novedad dentro de los recursos
ornamentales de la imaginería sevillana; con
entidad propia para decorar, por sí solos, una escultura. En el caso del San
Rafael, el punteado surge como un complemento y realce de los adornos ya
utilizados para el resto de la ornamentación de la talla, limitándose sólo a
esa prenda. Con todo, la
imagen de Tarifa presenta en la decoración de sus vestiduras una variedad
morfológica que denota un minucioso tratamiento de la misma, tal es así que,
además, ofrece un verdadero muestrario de punzones con los que se dio realce
a los diferentes motivos ornamentales enunciados y que proporcionan a las
vestiduras cientos de destellos luminosos imitando suntuosísimos recamados o
bordados de realce. La iconografía de San Rafael en la obra
de Hita y Castillo Como afirma González Isidoro, "del arcángel San Rafael, patrón de
los caminantes no poseía Hita los espléndidos antecedentes escultóricos, en
la escuela sevillana, como ocurría con el príncipe
de los arcángeles: San Miguel. No obstante, Hita supo interpretarlo con
suficiente calidad en un relieve conservado en Cádiz en el retablo mayor de
la parroquia de la Divina Pastora".13 Este quizás
primer San Rafael tallado por Hita en 1753, junto a los rasgos característicos
de los ángeles o espíritus celestes, aparece como el de Tarifa con su
tradicional atuendo de peregrino; es decir, vistiendo la clásica túnica con
esclavina, en cuyos picos figuran las consabidas veneras, y sujetando con la
mano izquierda el bastón, en este caso, sin las calabazas y el pez alusivo a
la historia de Tobías.14 En el mismo
retablo gaditano se encuentran, entre otras del mismo autor, la imagen exenta
del arcángel San Miguel, con la que también comparte la talla de Tarifa los
mismos rasgos amables de sus semblantes andróginos de su rostro, arqueo de
las cejas, ojos almendrados, barbilla, el fino estriado del pelo, la posición
semiplegada y tratamiento minucioso de las alas etc… Y en la misma parroquia, en el retablo colateral de
la Epístola, cuya labor de escultura volviera a ejecutar en 1761, se
encuentra una figura de San Sebastián, muy alejado del que el propio Hita
tallara para la iglesia sevillana de Santa Catalina
años antes, en 1756, pero con el que resulta determinante comparar el
parecido del mechón de pelo que, a modo de tupé en segundo plano, comparten
ambas imágenes de Tarifa y Cádiz y que también se adivina en otras imágenes
de Hita, como los evangelistas Marcos y Lucas de la propia capilla
sacramental de la iglesia de Santa Catalina en Sevilla, tallados igualmente
por el escultor entre 1748 y 1756.15 El mismo
González Isidoro atribuye al círculo más cercano de Hita o a su propio taller
otra imagen del arcángel San Rafael que se encuentra en la parroquia de San
Andrés en Sevilla. De unos 75cm de altura,16 la talla procede al parecer de
la capilla mayor aunque actualmente se encuentra en la cabecera de la nave de
la Epístola, en uno de los nichos laterales del retablo de rocallas que
preside una espléndida escultura de San José con Jesús en los brazos,
atribuida también por González Isidoro al entorno de Hita y Castillo y fechable en el tercer cuarto del siglo XVIII. Según el
propio investigador: “Ambas poseen un estofado muy rico y
cuidado, junto a una policromía impecable. Las dos evocan bastante las
creaciones de Hita del Castillo; pues, mientras la cabeza del patriarca está
en la línea del Evangelista de la cofradía de San Juan de la Palma y el
arcángel en la de los medallones del santuario pastoreño
gaditano, los volados paños se disponen de acuerdo con el esquema ahusado,
propio del maestro en estos años”.17 Por cuanto se
refiere a este segundo arcángel San Rafael, cabe repetir lo mismo que se dijo
para el que se conserva en la iglesia de San Mateo de Tarifa en lo referente
a sus rasgos formales, pues ambas imágenes comparten los mismos detalles
físicos, estilísticos y compositivos, propios de la obra de Hita y Castillo,
hasta el punto de poder afirmar sin lugar a dudas que ambas tallas salieron,
cuando menos, del mismo obrador. En efecto, las tallas de Sevilla y Tarifa
son prácticamente idénticas, si bien ambas presentan algunas sutiles
diferencias que nos hacen pensar en la imagen sevillana
como un modelo o producto salido de su taller con quizás menor participación
directa de nuestro artista, no así para la imagen de San Mateo, que denota
una segura intervención del maestro. Ambas tienen aproximadamente el mismo
tamaño, pues cabe advertir que la talla sevillana
se eleva sobre una peana, mientras que la tarifeña lo hace sobre una nube, lo
que le confiere mayor altura al conjunto. En cambio, la de San Andrés
adelanta la pierna derecha en lugar de la izquierda, y tanto las sandalias,
polainas o los broches romboidales de éstas y el que cierra la abertura de la
túnica son diferentes a las del arcángel tarifeño, pero muy similares a las
del San Miguel de la parroquia sevillana de Omnium Sanctorum
y que figuran en las andas procesionales de la Virgen Reina de Todos los
Santos. También el tallado del pelo resulta algo distinto, menos minucioso en
la imagen de Sevilla, que aún con el mechón característico parece tratada de
forma aún más compacta, con menos movimiento y mechones menos diferenciados,
aunque sí a base de las mismas ondas surcadas por largas estrías. Las alas, por
último, también parecen estar tratadas con menos detalle y minuciosidad en el
arcángel de San Andrés. Por
lo demás, el arcángel sevillano –a pesar de la afirmación de González
Isidoro, que sí es cierta en el caso del San José– carece en absoluto de la rica
policromía, estofado o dorado que hemos descrito para el arcángel de San
Mateo. De hecho, frente a la riqueza y exquisita decoración con enorme
profusión de oros en realce en el San Rafael de Tarifa, la talla de Sevilla
–que al parecer también conserva su policromía original– presenta una
decoración a base de tonos monocromos sin ningún tipo de exorno adicional. Su
túnica aparece pintada en tonos rosáceos, la sobretúnica
en tonos azulados y la esclavina y sandalias en color negro. Tan sólo
aparecen dorados los vivos de las vestiduras y unas simples guardillas a modo
de galones y las dos veneras en la esclavina. Hay
que tener muy en cuenta que en la parroquia de San Andrés se conservan otras
obras de Hita y Castillo, algunas documentadas tales como las del retablo
mayor entre 1737 y 1739, la imagen de Ntra. Sra. del Rosario que se conserva
en la capilla sacramental, fechable hacia 1745, y
otras atribuciones muy sólidas como la de Ntra. Sra. de las Angustias, hacia
1760, y los ángeles lampareros de la capilla Mayor, de igual fecha.18 Ello no hace sino reforzar la atribución que del San
Rafael hizo al entorno más cercano del artista el investigador González
Isidoro, quien proponía el año 1760 como el más probable para la realización
de las imágenes de San José y el arcángel de la parroquia de San Andrés.19 Por analogía, refuerza aún más si cabe también la
atribución a Hita del San Rafael que se venera en San Mateo, si bien para
esta otra talla proponemos una fecha más cercana a 1782, año en el que, como
vimos, se realizaron sus atributos de orfebrería. No
obstante, es cierto que la imagen de Sevilla, si bien ha perdido el pescado
que portaba en su mano izquierda, todavía conserva en la derecha el bastón y
la calabaza de peregrino, estando ambos atributos tallados en madera y
policromados en tonos marrones y dorados. Cabría la posibilidad, por tanto,
de que estos elementos en el arcángel de Tarifa también fueran originalmente de
madera, siendo 1782 sólo el año en el que fueron sustituidos por los de plata
cordobesa que actualmente tiene. Aún siendo así, cosa que no creemos por ser
los atributos de plata acordes a la riqueza ornamental de la imagen, la talla
tarifeña no debería ser anterior a la década de 1770, por lo que el arcángel
de Sevilla debió haber servido de modelo al taller para realizar la talla del
de Tarifa años más tarde. Con
todo, como ya se ha puesto de manifiesto, la imagen del San Rafael que se
conserva en la iglesia mayor de San Mateo podría haber sido ejecutada hacia
1782 y, en todo caso, muy pocos años antes de la muerte de Hita y Castillo
acaecida el 2 de noviembre de 1784.20 Se convertiría así en uno de las escasas
obras conocidas de su última etapa (1769-1784) en la que, a partir de 1770,
se intitula de forma constante como "profesor de estatuario" al
frente de su taller, del que salieron en más de una ocasión imágenes casi
idénticas: véase el San José del retablo gaditano de la Divina Pastora (1753)
frente al existente en la capilla de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla
(1762) 21 y los ya enunciados San Rafael de la sevillana parroquia de San Andrés (h.1760) frente al de
la mayor de San Mateo de Tarifa (h.1782). Hasta ahora, la última talla
vinculada con el quehacer de nuestro artista estaba datada en 1778, siendo
ésta la Virgen de Guadalupe de la parroquia del mismo nombre en la localidad
onubense de El Almendro. 22 La iconografía 22 J.
González Isidoro, ob. cit, p.146. |