Aljaranda 66 (2007) 43

www.aytotarifa.com

 

Francisco Sacristán Ramos

 

 

Nació en Bernardos, un pueblecito de Segovia, en 1928. Hijo de una familia numerosa, padeció, como el resto de los españoles, las penurias de la Guerra Civil.

            Francisco ingresó muy joven en el ejército, en Segovia comenzó lo que sería una vida entregada a la milicia y a la música. Eran tiempos duros y lo poco que se ganaba se complementaba formando parte de orquestas en las diversas fiestas patronales.

            Estuvo destinado en Tarifa, Huelva, Lérida, Zaragoza, Algeciras, Fuerteventura, Ceuta..., pero lo que le marcó en el alma fue su vida en la Legión y en África. En el Tercio desempeñó los empleos desde cabo hasta su retiro como suboficial.

            Llega destinado a Tarifa y conoce y se enamora de Mariluz a la que mas tarde haría su esposa. Una de esas mujeres de una "pasta" especial que le complementa de tal forma que le ayuda a mitigar la dura vida militar de aquellos tiempos y la que le acompaña sin dudar cuando decide, con su inquieto espíritu, volver a la Legión y recalar en donde pasaría muchos años: el antiguo Sahara Español. En la ciudad del Aaiun pasaría tiempos duros pero entrañables familiarmente.

            Presta sus servicios durante trece años hasta 1975 cuando llega a Fuerteventura con su Tercio tras la entrega del Sahara por parte del gobierno español. Después de unos años de diversos destinos llega a Jaca donde deja el servicio activo en el año 1984.

            Ha participado en multitud de certámenes de música militar. Entre sus cualidades destaca el espíritu de sufrimiento y dureza que caracteriza a un buen legionario. Los muy cercanos a Francisco saben muchas anécdotas de su vida, desde enterrar a un hijo con sus propias manos, hacer que un oficial creyese que con cáscara de plátano quedaban las botas brillantes o hasta alquilar un avión para que muchas familias pudieran escapar de un inminente bombardeo.

            En Tarifa comenzó una nueva vida y todo iba fenomenal hasta que fallece su esposa. Pero la vida debe seguir y así continuó con proyectos como su fenomenal colección de sellos, su supercrucigrama, o la creación de la Sociedad de Pesca La Araña.

            Y como no, la creación después de muchos años en el olvido de la Banda Municipal de Música. Muchas horas le ha visto su familia copiando y modificando partituras, limpiando y restaurando instrumentos que parecían que solo eran chatarra.

            Francisco no puede estar quieto. Ahora no pasa un día en que no se haga unos cuantos puzzles en el ordenador o continúe terminando una nueva maqueta. ¡Ah! Y también sus famosas partidas de parchís por las tardes.

            Pero lo más importante para los que le conocemos bien es que es una buena persona, afable y de buen trato y ese es el mejor título que un ser humano pueda tener.

            Si vamos por la calle y vemos un hombre con tatuajes en el brazo, bigote abundante y patillas de legionario, no cabe duda, ese es Paco Sacristán, un segoviano de nacimiento pero tarifeño de adopción.