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Aljaranda 66 (2007) 17-25 Inauguración del Hospital, el Colegio y la Capilla Jesús Terán Gil Ya en el número 62 de esta misma revista (septiembre 2006) y en el trabajo La epidemia de cólera asiático de 1886 dábamos a conocer la gran labor que con motivo de esa epidemia de cólera hicieron en Tarifa el obispo de Cádiz, Vicente Calvo y Valero, y los alcaldes de Tarifa, Luis Bermúdez Sánchez (22-8-1885/16-3-1886) y Andrés de la Rivas León (16-3-1886/1-7-1887) junto con otros tarifeños de feliz recordatorio. Acercamiento al tema Esta epidemia fue el motivo que el señor obispo prometiese y
enviase a la monjas para que se hicieran cargo de aquel mal llamado hospital,
pues prácticamente se encontraba en ruinas. Y así el 16 de julio de 1887
(festividad de la Virgen del Carmen) a la una de la tarde, dos pequeños
faluchos pesqueros, propiedad de José Jiménez se acercaban a la mitad del
Estrecho, para recoger del "Joaquín del Piélago", un vapor que
hacía por aquel entonces el servicio de Cádiz a Algeciras, a unas cuantas
religiosas que había de desembarcar en el foso, y que traían la misión de
practicar la caridad por el amor de Dios. Y no hubo recibimiento, ni hubo
cohetes, ni música, ni nada, las Religiosas Misioneras de la Inmaculada
Concepción, no tuvieron otro recibimiento que el del bueno del párroco,
Ignacio González que, acompañado del dueño de las embarcaciones, señor
Jiménez les salió al encuentro a la mitad del camino. Al frente de estas
religiosas venía la madre Lourdes Vigo y Pascual, y figuraba entre ellas,
como súbdita, sor Purificación Mestre y Tortosa. Como es de
suponer, la asistencia a esta Casa Hospital, antes de la llegada de las
Religiosas, estaba reducida al mínimo. Había allí un buen hombre: señó
Manué –así se llamaba– que hacía de casero y de enfermero a la vez, más
casero que enfermero, y que ayudaba en su cometido a la enfermera, que por
ejemplo, en el año 1829 se llamaba Juana Carrasco y que como estipendio
gozaba del jornal de dos reales diarios. Precisamente en esta fecha, la
Hermandad de Caridad quiso premiar sus servicios aumentando su soldada
mensual en veinte reales, con lo que la buena mujer comenzó entonces a percibir
el respetable sueldo de cuatro duros al mes. Fisonomía e historia del edificio El edificio en sí aunque malo y abandonado, era amplio pues
constaba entonces de la parte que después tuvo aquellas verjas tan
características y familiares que fueron para los tarifeños, cuya mejora en el
año 1894 hizo Marcos Núñez Núñez con el producto de las bellotas, colocando
junto con la verja, artísticos surtidores con bonitos juegos de agua. Seguía por toda la calle de la Cuna, donde
tenía su fachada principal hasta llegar a la calle Guzmán el Bueno, en cuya
esquina estaba entonces la capilla, que tenía su entrada por la dicha calle
de la Cuna y su lateral derecho a lo largo de la de Guzmán el Bueno. El fondo
de la referida capilla daba con una casa de Luis Aguilar, y el reverendo Francisco Sánchez Marchena supo ganar el
corazón de Luz Muñoz y Maria Almeda para que la compraran y así, poder
edificar una hermosa iglesia para el hospital, pues la antigua era
insuficiente; también se compraron unas casitas para alargar el colegio y
hacer la casa donde se hospedaba el señor obispo cuando venía y donde estuvo
viviendo durante muchos años el reverendo Padre José Luis Mainé Vaca. Con esa
compra se hicieron con toda la manzana. Pegado al hospital, a su izquierda
había un cafetucho de un tal Manuel Ruiz, apodado El Conejo, cafetucho
que compró el obispo para hacer en él, el colegio. La escritura de esta
compra estaba a su nombre, por lo que al morir sin testar, el citado local
pertenecía en herencia a su sobrino, pero éste no quiso perjudicar al
Hospital y lo cedió en su favor. La reforma del Hospital El hospital se iba reformando a medida que se podía, pues como
las vigas de maderas estaban podridas, una noche de tempestad se vino abajo
el techo de la sala de Jesús, quedando al descubierto por mucho tiempo, pues
se carecían de fondos económicos para poder cubrirlos. Este derrumbamiento
ocurrió antes de las obras de la iglesia, y con mucha ayuda por parte de
todos se pudieron arreglar aquella sala, colocándose vigas de hierro, zócalo
de losetas blancas, el suelo fue cubierto de losas y se pusieron camas de
hierro. Mientras duraron las obras, Dolores Terán Sotomayor que tenía
una casa propia a la subida de la medina, la cedió para poner
provisionalmente allí el colegio; teniendo que ir cada día y como entonces
las clases eran de nueve de la mañana a cuatro y media de la tarde, las
religiosas tomaban un bocadillo en la pequeña cocina que había en la casa,
estando así un año hasta que se terminó e inauguró el colegio nuevo. Las obras del
citado colegio se hicieron con mucho sacrificio, tómbolas, escenificación de
comedias, rifas y todos los pocos ahorros de la Comunidad; con todo eso quedó
en rústico y a medida que se podía se iba arreglando; la acera y zócalo
exterior de la calle se colocó más adelante. De acuerdo con
el obispo se había creado una junta para la vigilancia y dirección de las
obras, constituidas por Marcos Núñez y Núñez, Manuel Derqui Dalmáu y José
Manso Abreu, e infinidad de tarifeños de menor poder adquisitivo, pero con el
mismo empeño que los ya nombrados. Señores éstos cuya gestión estuvo
acertadísima y fue bastante eficaz. Hace 120 años Llevados los trabajos con gran entusiasmo y colaboración de
todos, el nuevo hospital y el colegio pudieron ser inaugurados el día 7 de
octubre de 1887, festividad de la Virgen del Rosario (hace ahora ciento
veinte años), teniendo como dotación cuatro religiosas para la enseñanza y
cuatro para el hospital, siendo éstas las siguientes: como Superiora estaba
la madre Javiera Subirá, asistida por sor Lourdes Vigo y Pascual, sor
Bernardina, Sor Bautista, sor Florencia, sor Inocencia, sor Melchora y sor
Purificación Mestre y Tortosa. En el número 37
del Boletín Oficial del Obispado de Cádiz correspondiente al domingo 23 de
octubre de 1887, aparece la noticia publicada por el Diario de Cádiz en donde
se lee lo siguiente: "El domingo próximo pasado, fiesta
de Nuestra Señora del Rosario, se inauguró el Hospital. Este suceso puede
desde luego calificarse de fausto acontecimiento en esta Ciudad que hasta
aquí ha carecido de un establecimiento de esta índole. El antiguo Hospital se
encontraba en un estado de completo abandono hasta que, con motivo del cólera
que en enero del 86 nos afligió, quiso la Providencia enviarnos al Iltmo. Sr.
Obispo, que fijando su atención en aquel hermoso edificio, consiguió del
Ayuntamiento le hiciera entrega de él para su administración y cuidado. Al
efecto, con fondos que el mismo Excmo. Prelado ha suministrado se han hecho
grandes reformas, distribuyendo la casa en dos departamentos completamente
separados, dedicando la planta baja para enfermos de ambos sexos, y
dotándolos, como es consiguiente, de buenas camas y demás útiles propios de
estos establecimientos; la parte superior esta destinada a enseñanza de niñas
que se dividen en adultas y párvulas de tres a cinco años; aquellas ocupan un
espacioso salón que mide 18 metros de largo por 5 de ancho, perfectamente
ventilados y en muy buenas condiciones higiénicas; está perfectamente
provisto de bancas o mesas de escritorio a la moderna y de preciosos cuadros
que ha mandado el Sr. Obispo. En su frente principal, o sea en la plataforma,
se ostenta y magnifico cuadro de la Concepción; el otro departamento para
párvulos, es más pequeño. Desde luego el Sr. Obispo mandó ocho Hermanas,
cuatro para la asistencia de enfermos y cuatro para la enseñanza, siendo de
cuenta del municipio costear las primeras. No tengo para qué decirle que el
día de la inauguración estuvo el edificio abierto al publico, que lo invadió
por todo el día, dando gracias a Dios de que Tarifa tuviese un Hospital donde
albergar sus pobres y un establecimiento de enseñanza que no tardará mucho en
dar muy buenos y eficaces resultados, y bendiciendo al Sr. Obispo que tanto
bien ha proporcionado a este pueblo que lleno de gratitud lo considera su
ángel protector; a él se deben y en él están vinculadas las dos obras más
importantes que aquí se han llevado a cabo, la desviación del arroyo cuyos
trabajos adelantan rápidamente y el establecimiento que nos ocupa." Única Casa Concepcionista que reunia
tres ministerios: Colegio, Hospital y Asilo La inauguración de esta nueva Casa de las Concepcionistas dio
tanto que hablar en la comarca que sirvió de estímulo para que Emilia Gómez,
esposa del general gobernador del Campo de Gibraltar, recabara del Instituto
hasta conseguir una fundación análoga para la vecina ciudad de Algeciras.Y
como las monjitas no podían estar conforme con lo conseguido: un hospital y
un colegio, crearon el asilo de ancianos, convirtiéndose así en la única Casa
de todo el Instituto que ha tenido los tres ministerios: colegio, hospital y
asilo. Y al hablar de asilo hay que nombrar a Luz Muñoz y Orta, que tan
espléndidamente y con tanta generosidad contribuyó a crear todo esto. Por
ello nada mas justo que se le diera su nombre a la antigua calle de la Cuna.
Calle esta desaparecida al hacerse la reforma de transformación, del patio
exterior en residencia de mayores. Ya en pleno siglo XX Se pusieron manos a las obras con bastantes trabajadores y antes
de derribar la antigua iglesia, el padre Marchena ofreció una última misa
donde dijo una hermosa plática, animándolos a todos a trabajar con mucho
interés. En lo que era
la sala de Jesús se puso el Santísimo, celebrándose en ella a diario la Santa
Misa mientras duraron las obras que empezaron por donde estaban los
dormitorios de las hermanas; costando mucho de derribar la casa de Luz
Aguilar, pues eran unas paredes muy gruesas y tuvieron que sacar mucho
escombros. Las obras fueron dirigidas por Lorenzo Jiménez. Finalización de las obras Ya en los años 1909 y 1910 se terminaron las obras; en la nueva
iglesia que constaba de tres altares, uno central y dos laterales, siendo el
cielo raso de chapa de latón. Ese mismo año se hizo la inauguración, el reverendo
padre Marchena dijo una fervorosa plática haciendo ver que mientras en
algunos pueblos se destruían iglesias, en otros se edificaban. Y ese mismo
año de 1910 se llevó a la capilla la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
Con anterioridad, el Nazareno se veneraba en la iglesia de Santiago, pero por
estar esa iglesia amenazando ruinas, se había dispuesto llevarlo a la capilla
de las Monjas, pero por estar la misma en obras, la imagen del Nazareno fue
llevada provisionalmente a la iglesia de Santa María. Siendo desde allí, de
Santa María, de donde el Nazareno se llevó al finalizar las obras. Y fue a
partir de entonces, cuando esta capilla del hospital, que siempre se había
llamado de San Bartolomé o de la Misericordia, comenzó a llamarse iglesia de Nuestro
Padre Jesús Nazareno. En 1915 una
enorme manga de agua inundó todo el hospital, llegando en la planta baja a
más de un metro de altura; el agua entraba por las ventanas y zaguán de tal
manera que parecía (según testimonio de la época) "que íbamos a morir
ahogadas". Se taparon de fango todas las cloacas y durante un mes
estuvieron dos operarios limpiando y arreglando todos los desperfectos
ocasionados. No pararon las
obras de esta Casa, pues siempre se precisaba de algo. Y otra vez en el año
1929 la capilla fue nuevamente restaurada, por aquel entonces se hundió un
barco cargado de madera y después de mucho trabajo se pudo conseguir la
cesión de esa madera, construyéndose con ella los nuevos bancos para la
iglesia. Patrimonio artístico de la capilla Se instalaron nuevos altares costeados por familias tarifeñas.
El altar mayor, construido en Barcelona y del que puede aún comprobarse su
valioso y artístico estilo, se debe a la familia de José María Núñez Reynoso,
y los seis de los laterales, dorados a fuego y construidos en Sevilla por la
empresa de José Gíl, fueron donados por otras tantas familias de la
localidad. La obra de fábrica de la capilla había sido ejecutada por la
empresa constructora de este puerto, a la sazón Construcciones y Pavimentos, al
frente de la que estaba en Tarifa Ramón Fontanet. Aportación
personal muy valiosa fue la de Lorenzo
Jiménez González, gran artista tarifeño, cuyo arte está allí a la vista en
muchos detalles. Las lámparas o
arañas, que allí penden, las regaló la Casa Uralita, construidas de ex
profeso y con materia de dicha fabricación. El motivo de este regalo de los
señores de Roviralta que así se llamaban o se llaman los dueños de esta
fábrica fue precisamente el que la tubería del nuevo abastecimiento de aguas,
entonces recién inaugurado, era de uralita. Y había sido Tarifa la que
primera utilizó el citado producto en esta nueva clase de tuberías. Y no puedo
pasar por alto los bellos tapices que adornan los laterales, junto al altar
mayor, y que es obra de esa monja que se llamó sor Natividad Comerma, que los
pintó en el año 1930. Precisamente que parte de los personajes que aparecen
en los tapices, eran las mismas alumnas del Colegio. La bendición de
la referida capilla, constituyó un gran acontecimiento. Vino el obispo de
Cádiz, Marcial López Criado, un obispo
bastante abierto y buen andaluz, que, en su decir, estaba muy agradecido a
Tarifa de cuando un accidente de automóvil el 8 de junio de 1919 en el punto
kilométrico 59, donde el obispo se fracturó la pierna y el brazo derecho, y
resultaron heridos el secretario del obispo Pedro Velafur Velázquez; el
conductor Manuel Gómez y el arcipreste de Medina Sidonia, Antonio Ortega, que
falleció el día siguiente. El obispo quedó hospitalizado en Tarifa. A las 6 de la tarde
del 1 de octubre de 1929, llegó el obispo a la parroquia mayor de San Mateo
Apóstol, acompañado por su familiar, el presbítero tarifeño José Chico
Vaello, siendo recibido por el clero, Excmo. Ayuntamiento y demás
autoridades, representaciones de las Hermandades y Cofradías, así como de
numeroso publico. A las 8,30 de la mañana del siguiente día, comenzó el
ceremonial de bendición del nuevo templo. La primera misa celebrada fue
oficiada por el prelado, ayudado por los párrocos de Algeciras y Tarifa, señores
Guerra y Gámez Coto; y los presbíteros señores Martínez y Chico. Durante la misa
actuó la orquesta dirigida por el profesor señor Acuña Campoy y que formaban
los señores Villanueva Ruffo, Mira Jiménez y Acuña Rojas, y el coro compuesto
por las jóvenes Luz Bermúdez, Inés Benítez, Teresa García Borruel, Mariana
Marsset y Natividad Sáenz. Después de la
bendición y del ponfical, en uno de los salones del colegio, se sirvió un
desayuno presidido por el obispo, alcalde, Carlos Núñez Manso y el párroco de
Algeciras, señor Guerra. Y hubo cantos a cargo de Paquita Estudillo Grosso y
un discurso de salutación de Adriana Trujillo Zubéldia, así como la actuación
de la orquesta dirigida por el señor Petisme Vilches. Fondos documentales Se podría estar hablando, mejor dicho, escribiendo, de muchas
cosas de esta venerable Institución, sobre todo muchos actos de los que se
han llevado a cabo en este querido Colegio de las Monjas. Es justo hacer
referencia a las Bodas de Platino del Instituto y a las Bodas de Diamante del
Instituto, en esta casa de Tarifa, celebrada durante los días 28, 29 y 30 de
octubre de 1925, oficiados los cultos por los reverendos Salado, Martínez y
de los Rios y estando los sermones de estos tres días a cargo del reverendo
Saturnino González, Misionero del Inmaculado Corazón de María, y las Bodas de
Diamante de esta Casa, en 1963. Buceando en el
archivo de cierto Cronista Oficial ya desaparecido, encontramos el ejemplar
número 469 de fecha 3 de febrero de 1934 correspondiente al semanario local Unión
de Tarifa donde, refiriéndose a la fiesta de la Superiora dice: "Ayer, festividad de la
Purificación de Nuestra Señora, celebró su fiesta onomástica la Superiora del
Hospital de Caridad y Colegio de las Concepcionistas, Sor Purificación Mestre
y Tortosa. Por tal motivo, fueron innumerables las felicitaciones que recibió
la venerable religiosa, que tantos años lleva de convivencia en Tarifa. En el
Colegio tuvieron lugar varios actos en su honor. Por la mañana, a las 8 y
media, en la capilla se celebró la Bendición de las candelas y Misa solemne.
Ésta fue oficiada por el presbítero señor Martínez Acuña, y cantada por un
coro de alumnas de Colegio, dirigido por el profesor don Servando Petisme. A
dicho acto religioso asistieron numerosísimos fieles, que se acercaron al
comulgatorio a recibir la Sagrada Eucaristía. Por la tarde a las cinco y
media, en el salón de actos del Colegio celebróse una velada teatral, en la
que tomaron parte las alumnas de dicho centro docente. Dicho acto revistió la
mayor brillantez, y acudieron a él muchísimas personas a testimoniar su
respeto y cariño a la digna Superiora. Primeramente, un coro compuesto por
todas las alumnas felicitó a la Madre. Después de otro coro formado por las
parvulitas, en el que se destacaban algunas chiquillas con muchísima gracia,
se puso en escena el divertido sainete titulado "Se necesita una
criada". En su interpretación tomaron parte las niñas Lola Herrera,
Currita Labao, Margarita Castilla, Mariana Trujillo, Ana Trujillo Picazo,
Felipa Alonso, Pepita Marset, Emilia Cantero, Leonor Cobedo y Josefina
Romero. Todas las pequeñas artistas lo hicieron muy bien, siendo muy
aplaudidas al final del acto. Tuvo mucha gracia un coro de gitanas, compuesto
por las niñas Asunción Espina, Luisa Francisca Villoslada, Anita Pérez Pérez,
Lolita Labao Sarrias, Maria Lourdes Estudillo y Paquita Cantero. Las
gitanillas, lindamente ataviadas, salieron después por el salón pidiendo para
los churumbeles, recaudando no muy poco. Por ultimo Interpretaron la bonita
zarzuela titulada “La Hucha”, en que desempeñaron papeles, Adriana Trujillo,
Rosarito Serrano, Joaquina Villalta, Asunción y Maruja Espina, Luz Trujillo
Picazo, Luz Escribano, Maria Lourdes Estudillo, Chanita Pérez, Lolita Romero,
Lolita Benítez, Paquita Criado, Angelita Amaya y Anita Pérez. El publico todo
que llenaba el saloncito aplaudió bastante al final de todos los cuadros,
pagando así la labor de las jovencitas y pequeñas, algunas de las cuales se
nos revelaron como consumadas partidarias del arte de Talía. Amenizó los
entreactos y actuó con los coros, una notable orquesta dirigida por don
Servando Petisme, y que integraban además don Marcos Villanueva, don Jerónimo
Jiménez, don Alonso de Arcos, don Joaquín Mira y don Francisco Petisme, que
galantemente se habían sumado para actuar en el festival. Sabiamente
interpretó escogidas composiciones, deleitando a la selecta concurrencia. El
acto en si, como decimos, estuvo de lo más simpático y atrayente, saliendo de
él todos los invitados altamente complacidos. Por nuestra parte, muy
agradecido a la invitación de que fuimos objeto, aprovechamos la oportunidad
de estas líneas para públicamente felicitar a la anciana religiosa
Superiora del Santo Hospital y Colegio, a la vez que reiterarle nuestra
adhesión y respeto, como prueba de desagravio por los muchos que sufriera de
no mucho tiempo a esta parte. Mañana domingo tendrá lugar en el expresado
Colegio, otra velada teatral con obras distintas, y en la que tomarán parte
distinguidas señoritas de la localidad, antiguas alumnas de dicho centro de
enseñanza”. Volvemos a
referirnos a la madre Purificación Mestres, ya que hemos de referirnos ahora
a uno de los actos más populares que se han hecho en el Colegio: el homenaje
a la madre Purificación, al cumplirse los cincuenta años de su entrada en
religión. Tuvo lugar este homenaje, que Tarifa quiso rendirle a la superiora
entonces del Hospital, en febrero de 1935. fue un homenaje popular,
completamente del pueblo, sin que mediara para nada lo oficial, como no fuera
la presencia del obispo de Cádiz, que era el patriarca de las Indias, Ramón
Pérez Rodríguez. El homenaje a
la madre Purificación fue grande. Y en él participó todo el mundo. Todo
rebozó cariño y entusiasmo. Consistió quizás en un apretado programa de
actos, que resultaron a cuál más lucido. Como es natural, en primer lugar una
misa, con la asistencia del obispo en la que intervinieron dos curas
tarifeños; el reverendo José Font de Benito y el padre Martínez Acuña, con el
párroco de Conil de la Frontera, y cuya homilía estuvo a cargo de otro cura
tarifeño, el padre Benítez Duarte, y dato curioso, para que todo rebozara
tarifeñismo, coincidía que el familiar que acompañaba al Prelado, también era
natural de Tarifa, el padre Chico Vaello. Se descubrió una placa que en el
patio del Hospital, perpetúa el homenaje, lo que brillantemente, con su gran
oratoria glosó el padre José Gámez Coito, párroco de San Mateo. Tras el
ofrecimiento hecho por Francisco Terán Fernández, poniendo de relieve las
virtudes de la ejemplar religiosa, se le entregó a la madre superiora un
álbum de firmas recogidas de todo el vecindario, así como de un retrato de la
misma (que aún se conservan en la institución religiosa). Nota y detalle: el
escenario con un decorado teniendo por fondo la Puerta de Jerez y junto al
arco, dos muchachas vistiendo el típico traje del manto y la saya. Digno de
citarse fue el entusiasmo y el cariño con que todas las personas daban su
firma, muy especialmente las más humildes, y a la vez el donativo. Un
donativo único. Todo el mundo había de dar lo mismo ya fuera rico, ya fuera
pobre: una perra gorda. Nada más que una perra gorda. El álbum en cuestión
era una verdadera obra de arte, con cubiertas de caoba, en la que el artista
tarifeño Lorenzo Jiménez González había tallado magnificas figuras y el
escudo de la congregación. Y a estos actos
no le faltaron buenos aliños. Y detalle muy simpático fue la banda municipal
de música, que dirigida por Eusebio Navarro Triviño, se sumó actuando
desinteresadamente. Y entre los telegramas recibidos, se contaban algunos
procedentes de Villanueva y Geltrú, de donde era natural la madre
Purificación, así como del entonces gobernador civil de Cádiz, Luis Armiñan y
de los diputados a Cortes, señores Martinez de Pinillo, Palomino y Carlos Núñez y Manso. Pero aquel
homenaje, a pesar de todo el entusiasmo del pueblo que verdaderamente invadió
la Casa, hubo que esperar tiempos en que corrieran mejores vientos para
terminarlo. Y fue esto, cuando pudo coronarse, en el año 1939, en que el
Ayuntamiento, así ya con todos los honores, dio a la calle, esa calle
cortita, a donde da la fachada de lo que fuera colegio, y que hasta entonces
se había llamado Cardenal Cisneros, dio como queda dicho, el nombre de Madre
Purificación. Precisamente el mismo día que se inauguró el monumento del
Corazón de Jesús en el patio del hospital, y que costeó el Ayuntamiento. Una de las que
fraguó este homenaje junto con la comisión que presidía el padre Gámez y
formaban el padre Martínez, Juan Labao Díaz, Carlos Núñez Polavieja y
Francisco Terán Fernández, fue la madre Isabel. Aquella madre Isabel Lazaga
que con los organizadores programaron y prepararon todos los actos. Primer centenario de la llegada de las religiosas Y no queremos terminar este trabajo–homenaje sin referirme a los
actos del primer centenario de la llegada de las religiosas a Tarifa,
celebrados en el año 1987. Como es natural
se formó una comisión para los actos de este primer centenario, celebrándose
la primera reunión el viernes 6 de febrero del citado 1987 y de donde
salieron los miembros organizadores que juntos con la superiora entonces, la
madre Araceli Moreno Márquez estaba
formada por el presidente Fernando Villanueva Ferrer; Secretario, José Sáenz
Moreno; tesorero, Juan Luis Díaz Valencia; y los vocales Manuel Valencia
Pichardo, Francisco Pérez Gómez, Feliciana Serrano Gil, Maria Luz Peralta
Díaz, Maria Dolores García, viuda de Peralta, Carmen Ramos Escuderos,
Mercedes Reyes Ibáñez, Ana Salvatierra Ortiz, Dolores Flores Donda, Juan
Pérez Chico, Joaquín Pérez Castro y Jesús Terán Gil. Se empezó a
trabajar y a elaborar el programa de actos, para lo cual se tenían reuniones
una o dos veces en semana, en alguna de ellas asistió la madre provincial sor
Maria Cruz Oscoz. Ni que decir tiene que, en las citadas reuniones nos lo
pasábamos estupendamente. Recuerdo que Fernando Villanueva al terminar las
reuniones siempre nos decía: "Desde luego que para el próximo
centenario, si yo sigo de presidente, que seguiré, yo busco a otras gentes
más competentes que ustedes". Luego al finalizar la reunión íbamos a tomar la copita de rigor. Y la cosa
empezó a dar sus frutos, y así el jueves 19 de febrero, el Excmo.
Ayuntamiento Pleno que presidía el ilustrísimo señor alcalde Antonio Ruiz Giménez, por unanimidad,
aprobó la moción presentada por el señor alcalde de conceder la Medalla de
Oro de la Ciudad a las reverendas RR. MM. de la Inmaculada Concepción. Desarrollo de los actos del Centenario El citado programa de actos se desarrolló durante los días del
jueves 9 al domingo 12 de julio y constaba de un día dedicado a la tercera
edad, donde hubo un encuentro de los residentes de los distintos centros con
visita al Santuario y almuerzo de hermandad. El día del exalumno, donde en el
teatro municipal Alameda se pusieron en escenas diversos sainetes y la
actuación del grupo Los de Juana y el cantaor flamenco Manolo Garrido.
En el mismo marco del teatro, el sábado 11, el presentador de sala, Rafael
Sánchez Ruiz daba paso a la coral de Tarifa que cantaron el himno de la
Inmaculada, seguidamente el exalumno Jesús Terán Gíl daba el pregón Historia
del Hospital y llegada de las Religiosas. Acto seguido el alcalde de la
ciudad, Antonio Ruiz Giménez imponía a la madre provincial sor Maria Cruz
Oscoz la medalla de oro de la Ciudad y ésta a su vez se la entregaba a la
superiora sor Araceli Moreno. El acto finalizó con la actuación de la Coral
de Tarifa que bajo la batuta de Fermín Franco Utrera cantaron varias piezas,
finalizando con el pasodoble Tarifa Blanca. Los actos de
este primer centenario se cerraron el domingo 12 de julio celebrándose una
eucaristía de acción de gracia con asistencia de autoridades civiles y
militares y concelebrada por el obispo de Cádiz-Ceuta, Antonio Dorado Soto y
donde participaron los sacerdotes Sebastián González Araujo, Pedro Gómez
Mancilla, José García Oviedo (capellán del extinguido regimiento Álava 22),
José Luque, párroco en Córdoba; Mateo Silva Romero, Manuel Maria Diosdado
Benítez, el reverendo padre Cruceira y el párroco de la mayor de San Mateo
Apóstol, Aquiles López Muñoz. Gran participación hubo en la santa misa, como
eran los últimos niños que nacieron en el hospital, los últimos jóvenes que
pasaron por el colegio, exalumnas, asiladas y religiosas, así como la Coral
de Tarifa. Finalizada la
santa misa tuvo lugar el descubrimiento de la placa en la puerta principal
del hospital, donde el presidente Fernando Villanueva Ferrer leyó unas
cuartillas e invitó al alcalde y al obispo a descorrer la cortinilla que
tapaba la misma. Todo finalizó
con un almuerzo y suculentos postres de hermandad en el Mesón de Sancho, y
por el secretario, José Sáenz Moreno se leyeron telegramas y cartas de
adhesión recibidos de varios puntos. Seguidamente por parte de exalumnos se
le hizo entrega a la madre provincial de un ramo de flores; a la nueva
superiora, sor Manuela Ariza se le dio un pergamino donde aparecen los
nombres de todas las superioras habidas hasta ese momento y a sor Araceli
Moreno, que dejaba el colegio, se le entregó una bandeja grabada recordando
el centenario y una fotografía de la Virgen de la Luz. Solamente nos
resta felicitar a las actuales religiosas por esos ciento veinte años entre
nosotros. |