Aljaranda 66 (2007) 2-8

www.aytotarifa.com

 

 

II Guerra Púnica entre Cartago y Roma

¿Desembarcaron los elefantes del ejército de Aníbal en los Lances de Tarifa en 218 a.C.?

 

Carlos Ruiz Bravo

 

 

La Historia relata con detalle la preparación del ejército que Aníbal reclutó para atacar a su vieja enemiga Roma, llevando la lucha a la mismísima península Itálica e invadiéndola sorpresi-vamente desde el norte. Diversas referencias coinciden en estimar los efectivos del ejército reclutado en 90.000 infantes, 12.000 jinetes y 37 elefantes de guerra. Los infantes procedían de las levas hechas en Iberia y Numidia, incluyendo a los famosos honderos baleáricos. Tanto los jinetes bereberes como los elefantes habían sido traídos desde el norte de Africa. Todas las referencias coinciden en situar en Cartago Nova la estructuración de este ejército y el inicio de la marcha hacia Italia. Se iniciaba la Segunda Guerra Púnica.

 

 

Viajes y exploraciones

La Historia sigue siendo pródiga en testificar la increíble audacia y tenacidad del caudillo cartaginés al conseguir que su ejército superase obstáculos naturales, como los ríos Ebro y Ródano, los Pirineos y, sobre todo, los Alpes. Las enormes dificultades enfrentadas y la asunción y compensación del desgaste consiguiente han hecho de esta aventura alpina una de las hazañas más sorprendentes de la Historia.

            Ciertamente, el que un ejército africano tan numeroso atravesara a pie los Alpes, al comienzo del invierno y con los medios de hace 22 siglos, es, y seguirá siendo, una proeza tan fascinante como deslumbrante, sobre todo por lo que se refiere a la conducción de los 37 elefantes. Diferentes noticias históricas coinciden en las cifras de pérdidas que, en hombres, caballos y pertrechos, supuso la penosísima travesía alpina. No sucede así con los elefantes, puesto que mientras unas fuentes afirman la supervivencia total de los 37 paquidermos, otras refieren mermas importantes por animales despeñados y/o ateridos de frío.

            Una vez en las llanuras del Po, el genio de Aníbal supo reconstruir su diezmado ejército y lanzarse hacia Roma. Referencias históricas atestiguan el papel que los elefantes jugaron en toda la campaña itálica. Expeditivos y eficaces como máquinas de guerra en Trebia, Tesino y Trasimeno, llegaron hasta Cannas. Fueron los precursores de la guerra de "panzers" del siglo XX. Su periplo histórico empezó en Cartago Nova y terminó en Cannas. Pero, habida cuenta de que en la fauna ibérica nunca se comunicó la existencia de poblaciones autóctonas de paquidermos, ¿cómo se explica su presencia en Cartago Nova en 218 a.C.?

            La lógica más elemental nos lleva a su origen africano. Se sospecha que los cartagineses los utilizaban de antiguo y poseían amplia experiencia en su uso y domesticación. En el libro Yo, Aníbal 1se dice textualmente:

"Casi todos (los elefantes) que figuraron en el ejército de Aníbal pertenecían a la especie Loxodontia africana, variedad Cyclotis, de pequeña alzada (2,35 metros). Estos relativamente minúsculos elefantes abundaban entonces en el Norte de Africa desde Túnez a Marruecos. Lamentablemente la especie se ha extinguido. No debemos confundirlos con el otro elefante africano, el de las estepas de Africa Central y Meridional, de familiar estampa circense, cuyos ejemplares adultos suelen medir hasta 3,40 metros. Existe además otra variedad de elefante, la índica (Elephas indicus), que alcanza hasta 2,90 metros de alzada, de la que Aníbal llevó a Italia algunos ejemplares, entre ellos el famoso Surus cuyo propio nombre (Sirio) indica que lo habían capturado en las riberas orientales del Mediterráneo, donde hoy la especie ha desaparecido."

Elisabeth Heilander 2 corrobora la existencia de Surus.

            Hoy sabemos con toda precisión y certeza que la variedad Cyclotis no es tal variedad, sino toda una especie individualizada del género Loxodontia. Recientes estudios genéticos y zoológicos lo confirman, existiendo, pues, en la actualidad, tres especies netamente diferenciadas de elefantes: Loxodontia africana (elefante de la savana), Loxodontia cyclotis (elefante del bosque) y Elephas maximus (elefante asiático o índico). Las dos primeras habitan en el África central y meridional, existiendo todo un Sáhara entre sus hábitats y la costa mediterránea, es decir, unos 3.400 kilómetros de desierto; lo cual suponía una seria dificultad para su captura por los cartagineses.

            Pero aún sabemos más. Las siguientes referencias arrojan nueva luz sobre la existencia de paquidermos en el norte de África y su disponibilidad por Cartago, haciendo ambas cosas totalmente factibles.

            Las tres últimas referencias sobre la Primera Guerra Púnica, corroboran la facilidad con que los cartagineses disponían de elefantes en su propia tierra (Loxodonta africana variedad pharaoensis). Sin embargo, las crónicas de la Segunda Guerra Púnica sitúan a los elefantes de guerra cartagineses a partir del 218 a.C. en Cartago Nova. Es decir, fuera ya de África. Y aquí se plantea ya la cuestión central de este estudio.

 

¿Cómo y por dónde llegaron a Hispania los elefantes de guerra del ejército de Aníbal?

Cartago fué un pueblo con gran tradición naval. Supo construir grandes flotas de guerra y buenos barcos de transporte. Los cartagineses heredaron de los fenicios el arte y la técnica de la navegación, así como una clara vocación marinera. Entre sus modelos de barcos de guerra más eficaces destacaron la pentera y el quinquerreme. Ambos muy similares.

            Según José I. Lago 5 la tripulación de estos barcos era de 420 hombres, 270 de los cuales se ocupaban de los remos. Una vela cuadra fijada en un palo maestro mejoraba la propulsión cuando los vientos soplaban de los cuadrantes de popa. Otras referencias 6 estimaban las tripulaciones en unos 300 hombres. La eslora de estas naves oscilaba entre los 35 y 40 metros, con una anchura de 6. La parte sumergida (obra viva) no llegaba a los 2 metros. En el diseño del barco se tenía que equilibrar el peso que suponía a proa el espolón de bronce. La velocidad de crucero que se alcanzaba en condiciones normales era de 2-3 nudos, pero con vientos favorables y en trayectos cortos se podían conseguir hasta 5 nudos.

            Lógicamente, estos barcos de guerra no eran idóneos para el transporte de una carga tan especial como los elefantes. Por otro lado, Cartago disponía de una considerable flota mercante, cuyas unidades, específicamente diseñadas para el acarreo de mercancías, ofrecían mejores posibilidades. Su velocidad era de 2-3 nudos y solamente aprovechaba los períodos anuales de mayor bonanza (abril-octubre) para desarrollar su actividad, la cual siempre solía llevarse a cabo sin perder de vista la costa y en etapas de no más de 50 kilometros. Así y todo, las pérdidas de barcos con su carga, debidas a temporales, fueron muy onerosas y frecuentes. Estos barcos (auténticos cargueros de la antigüedad) eran más cortos y más anchos que los de guerra. La eslora oscilaba entre los 20 y los 30 metros, siendo su manga la cuarta parte. La propulsión combinaba el remo con la vela. Veinte remeros y una vela cuadra que solamente era útil con vientos de los cuadrantes de popa. Su desplazamiento estaba entre 350 y 450 toneladas. La obra viva medía aproximadamente un metro y medio.

            De la consideración de las anteriores características, es lógico suponer que Aníbal y sus estrategas optaran por acondicionar barcos mercantes para el transporte de los elefantes de guerra desde el norte de África hasta Hispania. De las dos rutas más viables: Orán-Cartagena (211 kilometros) y Punta Cires-Tarifa (14 kilometros), ésta última ofrecía claramente una serie de sustantivas ventajas:

-navegando a 3 nudos con viento SE o SO, teniendo en cuenta bordadas y compensaciones de rumbo debidas a las derivas de corrientes y viento, la travesía duraría entre 4 y 5 horas;

-la travesía del estrecho de Gibraltar permitía no perder de vista las costas en ningún momento, lo cual facilitaba considerablemente el mantenimiento de la derrota;

-la travesía podía hacerse de día;

-el Estrecho era una ruta habitual, y muy bien conocida, para fenicios y cartagineses;

-se podía elegir el tiempo de bonanza y predecir su mantenimiento con mayores garantías, eliminando los días de vientos fuertes de levante y poniente;

-la travesía Orán-Cartago Nova duraría no menos de 50-60 horas (en el mejor de los casos), de las cuales una buena parte serían nocturnas; la costa se perdería de vista y las variaciones del estado del tiempo serían más probables.

 

Son los elefantes animales de características difíciles de controlar

Los elefantes presienten y olfatean el peligro, siendo susceptibles a ataques de pánico. En travesías marítimas, recelan al no pisar tierra firme y los bruscos cambios de inercia que se producen –debidos a su gran peso y volumen–, por el continuo cabeceo de la navegación, les causan fuertes desequilibrios en su estabilidad y, por lo tanto, mareos.

            Ante estas condiciones, es de estricta lógica suponer que los estrategas cartagineses adoptaran dos medidas: una, utilizar la travesía más conveniente; dos, introducir modificaciones en sus barcos de carga para optimizar el transporte de los elefantes.

            La vía de elección era, obviamente, el estrecho de Gibraltar; ofreciendo la playa de Los Lances de Tarifa las mejores características para posibilitar el desembarco de los paquidermos tras una travesía tan dificultosa.

            El peso de los elefantes (6,5-7 toneladas para los machos; 5,5-6 para las hembras) al gravitar puestos de pie sobre una relativamente pequeña cubierta, elevaba el centro de gravedad del barco. Lo contrario ocurriría si los animales se colocaban tumbados sobre un costado en el fondo de la bodega.

            Por aquellas fechas Arquímedes ya había enunciado su famoso "principio", el cual era bien conocido por los marinos cartagineses, quienes tenían muy presente que el centro de gravedad de la nave cargada debía estar situado por debajo del centro de desplazamiento y que ambos centros ocuparían sus posiciones en el eje vertical del barco, cuando éste estuviese en posición recta de equilibrio. También eran conscientes de que la posición del centro de gravedad se alteraba con los distintos estibamientos de la carga, pero no con los cabeceos laterales y longitudinales del barco; al contrario de lo que sucedía con el centro de desplazamiento, que sí variaba en cada escora de la nave. Si el centro de gravedad quedaba por encima del de desplazamiento al escorar el buque, se corría el riesgo de zozobrar. (Véase figuras barco escorado A y B, imagen 3).

 

El transporte de los paquidermos a través del Estrecho precisaba resolver una serie de dificultades

1ª. Conseguir vencer el recelo de los animales ante la visión del mar y, sobre todo, ante el embarque en unas reducidas superficies movibles y oscilantes.

2ª. Fijarlos firme y hábilmente para, eludiendo daños, rozaduras e incomodidades, evitar desplazamientos de la carga debidos al oleaje.

3ª. Paliar los efectos del mareo.

4ª. Evitar los ataques de pánico.

5ª. Acondicionar los barcos de transporte y estudiar el óptimo estibado de la carga para evitar posibles vuelcos al encapillar golpes de mar laterales y frontales.

            No disponemos de documentos que arrojen luz sobre la resolución de los problemas que implicaba la travesía; pero, teniendo en cuenta el ingenio, la enorme fuerza de voluntad de aquellos navegantes y guerreros cartagineses y el nivel de sus conocimientos, no es muy difícil establecer hipótesis sobre las soluciones dadas.

            El embarque posiblemente se resolvió vendando los ojos a los animales ante la inmediata cercanía del mar. Sabido es que las hembras siempre dirigen la marcha de la manada y que los machos son más reacios que las hembras a la hora de decidir un desplazamiento. Esto sería muy aprovechable para el embarque, pues al conducir una hembra por su propio pie hacia la cubierta de un barco el macho iría detrás con mucha mayor docilidad. Tanto las pasarelas de embarque como las cubiertas de las naves estarían bajo una capa de arena y hojarasca para que los paquidermos no extrañasen el suelo que pisaban.

            A la mayoría de los animales superiores les afecta mucho el transporte en soledad. Presumiblemente se embarcarían dos animales             –hembra y macho– por nave, para evitar el problema del aislamiento. Con más de dos por nave, se complicaría mucho la navegación.

            Desde los tiempos del botánico y filósofo Teofrasto (372-288 a.C.) se conocían perfectamente tanto la "adormidera", planta de la que se obtenía el opio, como sus propiedades narcóticas y sedantes.

            Presumiblemente, los animales recibirían una dosis sedante de algún extracto de opio que permitiría los embarques sin grandes dificultades. Una vez a bordo, los paquidermos serían narcotizados con dosis altas de opiáceos. Esto paliaría en gran medida los ataques de pánico, el mareo y las reacciones anormales que los elefantes encerrados en cautividad producen (destinan un 22% de su tiempo en sacudir cabeza y trompa y en balancear el cuerpo).

            En este punto (los animales a bordo y en espera de ser dormidos), se planteaba la forma de estibar la carga. O bien pasarían la travesía de pie y convenientemente atados y sujetos, o por el contrario, se les dispondría tumbados sobre un costado.

            La primera opción presentaba como ventajas una mayor facilidad de colocación y fijación con ataduras convenientes, posibilitando, por otro lado, una óptima comodidad respiratoria y visceral. El gran inconveniente radicaba en la elevación del centro de gravedad de la nave, lo cual comprometía seriamente la estabilidad durante la navegación.

            La segunda posibilidad (animal tumbado sobre un costado en el fondo de la bodega) mejoraba notablemente la estabilidad frente a los cabeceos producidos por el oleaje y, sobre todo, conseguía una buena posición del centro de gravedad al mantenerlo claramente por debajo del centro de desplazamiento del barco. Pero esta disposición entrañaba un inconveniente difícil de soslayar: los elefantes no pueden permanecer tumbados durante largos períodos de tiempo. Echados de lado pueden aguantar hasta dos horas. Su propio peso dificulta la función cardio-respiratoria. En posición de cúbito external (gravitando sobre la panza) pueden morir asfixiados en poco tiempo. Naturalmente todo esto ocurre estando el animal "en seco". Otra cosa sucede cuando los elefantes se tumban al bañarse en el lecho de ríos, lagos o terrenos pantanosos de poca profundidad, pues la flotabilidad reduce la presión que ejerce su gran peso.

            Teniendo en cuenta que la travesía del Estrecho en condiciones de bonanza podría durar entre 4 y 5 horas, se hacía verdaderamente comprometida la travesía con los animales tumbados de lado. Sin embargo, esta última opción seguía presentando las mejores posibilidades. Todo podía consistir en, aprovechando la forma curva de las bodegas de los barcos, disponer los animales de forma que su peso se repartiese más uniformemente, descargando presión sobre los pulmones al adaptar y encajar el perfil curvo de cada animal en la redondez del casco de la nave. Por supuesto, se tumbarían sobre el costado derecho para aliviar agobio al corazón. Un error que no cometerían los estrategas de Aníbal, sería el acondicionar los animales tumbados sobre una superficie plana, es decir, sobre una cubierta del barco.

            Indudablemente se hacía necesario reformar las estructuras de las cubiertas de los barcos, practicando grandes agujeros en ellas para permitir que los animales descansasen en las bodegas o lo más cerca de ellas. Y esto, no perdiendo de vista el asegurar espacio para los remeros.

            Todas estas medidas, unidas a la narcosis debida al opio, a la elección de la climatología más favorable para reducir el tiempo de la travesía, así como a la disposición de un lecho cómodo y mullido y la fijación de los animales con bandas anchas, en vez de cuerdas, para repartir pesos, podrían posibilitar el aguante de los animales y, en consecuencia, la hazaña de la travesía. Aunque, en cualquier caso, las grandes hazañas siempre dependen primordialmente del carácter indómito, de la audacia y del ingenio de los pueblos que han protagonizado la Historia, nos queda una duda.

            Las referencias que la Historia ofrece sobre el uso de elefantes de guerra en las campañas militares de Cartago (batalla de los Llanos de Bagrada, I Guerra Púnica, y batalla de Zama, II Guerra Púnica) coinciden en el número de animales que empleaban los cartagineses para atacar a las legiones romanas. En ambos casos, la embestida del ejército púnico integraba 100 paquidermos. Las dos batallas se dieron en el norte de Africa, cerca de Cartago, donde la disponibilidad y captura del Loxodonta pharaoensis era factible. Entonces, si tomamos como constante estratégica militar cartaginesa el ataque con 100 elefantes ¿cómo se entiende que Aníbal, ante su expedición guerrera de más de 2.400 kilometros desde Cartago Nova hasta el sur de Italia, sólo dispusiese de 37 animales? Lógicamente, para una campaña tan larga y dura tenía que haber previsto un número de elefantes sensiblemente mayor.

            Mucho nos tememos que en fondos del Estrecho, no muy distantes de la costa tarifeña, existan auténticos yacimientos de viejo marfil.

 

Bibliografía y fuentes consultadas

1. Novel, A, Lockie, Ross: Hannibal, Canongate Books, 2005.

2. Lazenby J. F. Hannibal’s War: A Military History of the Secon Punic War, University of Oklahoma, 1978.

3. Ayrault Dodge, Theodore: Hannibal , University of Oklahoma, 1891.

 

Agradecimientos

Agradecemos la asesoría prestada por el  doctor Mariano Cuadrado, biólogo conservador del Zoobotánico de Jerez, que ha sido de gran valor para la elaboración del presente estudio, el cual, por otro lado, está incluído en el proyecto de la futura Enciclopedia del Estrecho de Gibraltar.

 

Notas

1 Eslava Galán, Juán : Yo, Anibal, Planeta, 1988, p. 16.

2 Cebrián Zuñiga, Juán Antonio: La aventura de los romanos en Hispania, Esfera de los Libros, 2004.

3 Elefante africano-Loxodonta africana pharaoensis. "The North African elephant that we know from the history of military commander Hannibal is believed to be either a subspecies of the African Forest Elephant, or a now-extintinct four species of African elephant. It is usually referred to a Loxodonta africana pharaoensis and disappeared roughly 2.000 years ago".

4 Are there any living dwarf elephants? "There was no whatsoever "natural" appearance in the body, which otherwise smaller varieties of animals still will have. Then, of course it’s difficult to know about the extinct northern elephant, Loxodonta africana pharaoensis..This was the elephant that were brought to Italy from Cartage by Hannibal, and that was used in the arenas in old Rome".

 www.elephant.se/living_dwarf_elephants.php.

5 Lago, José I : Cartago. La II Guerra Púnica (218-201 a.C.), Almena, 2000.

6 Polibio de Megalópolis: Historia Universal bajo la República Romana, Iberia, 1968.